Desde el Norte. ¡Qué manera de legislar! Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. ¡Qué manera de legislar! Por Rubén Moreira Valdez

La lista de pifias, gazapos y engaños es muy larga. En ella participan senadores y diputados de Morena, pero, en realidad, el problema viene de las dependencias del gobierno federal, que elaboran iniciativas y proyectos y los envían al Legislativo con la instrucción de que se voten a como dé lugar.

No importa la técnica legislativa ni los estudios de impacto presupuestario. Mientras más rápido se vote, mejor. Así me lo dijo un conocido miembro de Morena.

Esta forma de proceder provoca molestias incluso en la bancada mayoritaria. En una reunión con la consejera jurídica, Elena Edith Segura Trejo, experimentada legisladora e integrante de las comisiones de Justicia y de Presupuesto y Cuenta Pública, señaló —palabras más, palabras menos— que los diputados detectaban errores e incongruencias en los proyectos y que, pese a comunicar sus observaciones, recibían la instrucción de no modificar nada.

Denunció que después tenían que defender esas iniciativas en el pleno y ante las comisiones, incluso cuando la oposición cuestionaba sus errores con argumentos.

Un día sí y otro también, el régimen socava la división de poderes y abona a la construcción de un sistema autoritario que puede rayar en una dictadura electiva. En estos días no puedo dejar de mencionar el ocaso de la autonomía y la legitimidad del INE, una institución que resulta útil para Morena en su propósito de perpetuarse en el poder.

Es historia conocida la destrucción del Poder Judicial y su conversión en uno de los más cuestionados del mundo, por sus imperfecciones. En cuanto al Poder Legislativo, el golpe se dio desde un Tribunal que permitió la sobrerrepresentación excesiva e ilegal del partido oficial. Baste decir que Morena y sus aliados, con 54 por ciento de los votos ciudadanos, se quedaron con 75 por ciento de las curules en San Lázaro.

La cantidad no es calidad, y eso se nota en lo que sucede en el Parlamento. Textos plagados de errores y discursos inconexos y mentirosos marcan las construcciones legislativas que se generan desde el poder. La marca de la casa es la chambonería. Hay varios ejemplos; en los siguientes párrafos expongo uno.

Resulta que, en nuestro querido país de las tunas y las manzanas, una reforma constitucional tardará, cuando menos, 14 años en entrar plenamente en vigor.

En 2017, después de una amplia consulta pública, se incorporó a la Carta Magna la facultad del Poder Legislativo para expedir la legislación única en materia procesal civil y familiar (artículo 73, fracción XXX).

En 2018 cambió el gobierno y se perdió el ánimo de elaborar y aprobar un Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares. La omisión llevó a la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, a promover un amparo, con el que logró que en 2023 se publicara el nuevo ordenamiento.

Para su entrada en vigor se fijó como fecha límite abril de 2027. Sin embargo, como ha ocurrido en otras ocasiones durante el morenismo, no se previeron los recursos necesarios para lograr su implementación. Un caso muy distinto de lo sucedido una década atrás con la legislación procesal en materia penal.

No obstante, algunas entidades e instituciones comenzaron a tomar previsiones. Numerosas asociaciones de profesionistas organizaron conferencias y simposios. En el ámbito académico se celebraron foros y debates, mientras muchas escuelas modificaron sus planes de estudio e instrumentaron programas de posgrado.

Y resulta que, sin decir agua va y, según trascendió, con el respaldo de una cuestionada organización de tribunales, hace unos días se presentó y votó en la Cámara de Diputados una iniciativa para posponer la entrada en vigor hasta 2031. Por cierto, una vez más se omitió el tema de los recursos necesarios.

En suma: 14 años después, si tenemos suerte, tendremos en el país una legislación única en materia procesal civil y familiar. El debate en la Cámara de Diputados no pasó de unas cuantas horas. Si la reforma se aprueba también en el Senado, tendremos un ejemplo más de chambonería y falta de certeza jurídica.

Por algo mi finado amigo Porfirio Muñoz Ledo dijo: «¡Chinguen a su madre! ¡Qué manera de legislar!».

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