Desde el Norte. León XIV y la encíclica. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. León XIV y la encíclica. Por Rubén Moreira Valdez

León XIII ocupó la silla de Pedro durante 25 años; fue un pontífice de dos siglos que murió en 1903. Durante ese tiempo publicó un buen número de documentos para orientar la fe de los católicos y fijar la postura de la Iglesia sobre diversos temas. Uno destaca por su enorme trascendencia e influencia en el mundo. Se trata de la encíclica Rerum Novarum.

Eran los días en que germinaba el enfrentamiento de las naciones y la reivindicación de los oprimidos. Años atrás, Karl Marx planteó la teoría de la plusvalía y alertó sobre los excesos del capitalismo brutal que se extendía, construyendo enormes fortunas individuales y propiciando la explotación de naciones completas.

Una frase de la encíclica resume la situación: “Un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios”. Es un documento con aciertos, entre ellos, descalificar las doctrinas que destruyen la dignidad del hombre, como el socialismo y el comunismo.

Robert Prevost, el agustino de origen americano y peruano, al ser designado el 266. ° sucesor del apóstol Pedro, adoptó el nombre de León XIV y dejó dudas sobre la postura que el Vaticano tendrá en los próximos años. Al revisar su biografía, se descubre su compromiso con los pobres y su cercanía con las iglesias de Latinoamérica. Matemático y teólogo, como superior de su orden recorrió el mundo y se acercó al pensamiento de Francisco y de los teólogos del sur.

En el 135. ° aniversario de Rerum Novarum, el papa Prevost firmó Magnifica Humanitas, que aborda el tema de la grandeza de la persona humana ante la promesa de la inteligencia artificial. El texto se encuentra en las redes para descarga gratuita y se presenta como un documento esencial para entender las bondades y amenazas de la era digital y, en particular, de la IA.

El texto se sostiene en la pedagogía del Antiguo Testamento y en la Doctrina Social de la Iglesia. Incluye una sección que recorre los principios aportados por el magisterio católico para entender y enfrentar el abuso contra los pobres, la acción de los gobiernos que atentan contra la dignidad de los individuos y el cuidado de la casa común. Es una buena herramienta para aproximarse a conceptos como justicia social, solidaridad y subsidiariedad.

La alarma que enciende Prevost sobre la era digital se describe en tres frases de su encíclica:

“Las innovaciones tecnológicas –incluida la inteligencia artificial– no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión”.

“El ser humano no es un conjunto de datos: es una historia, una conciencia y una dignidad”.

“En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos”.

Si el lector de esta columna no es católico, el texto de Prevost le será de utilidad para conocer más sobre los retos del mundo actual. De ser miembro de la Iglesia, le advertirá que ser indiferente ante los migrantes, desheredados o los pobres no es una actitud congruente con la fe. En todo caso, la encíclica alerta sobre la explotación y las actitudes paternalistas.

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