Desde el Norte. La necesaria coalición. Rubén Moreira Valdez
Morena está en una espiral descendente. En los escritorios de Palacio Nacional y de la dirigencia del partido hay encuestas que muestran la caída en la popularidad del gobierno y en las preferencias electorales.
Los resultados de Veracruz, Durango y Coahuila son un adelanto de lo que vendrá y es por ello por lo que el régimen se está preparando para violar todas las reglas. No les importa ser acusados de campañas anticipadas o de vulnerar el sistema democrático con estrategias de odio y censura.
Desde el poder se afanan en decir que no pasa nada y que las próximas elecciones serán un “paseo” para Morena. La ilusión se alimenta con dudosos estudios demotécnicos y campañas de influencers a sueldo.
En buena parte del territorio nacional son pocos los que van a responder una encuesta sin ocultar datos. El ciudadano se cuida del crimen organizado y de los Siervos de la Nación, que amenazan con quitar los programas sociales.
Sin embargo, en el horizonte hay varios problemas para la oposición:
- la intervención del crimen organizado en los procesos electorales;
- el uso del presupuesto para incidir en los resultados;
- el fraude electoral que instrumenta Morena;
- la dispersión del voto opositor, y
- el uso irresponsable de ofertas políticas para capturar la voluntad popular.
En varias de estas estratagemas el “líder moral”, como llaman los morenistas a López Obrador, es un experto.
La competencia no será contra Morena; los opositores van a enfrentar al régimen y al narcotráfico. Hay múltiples ejemplos de ello: allí están las intervenciones desde la mañanera para atacar a Xóchitl Gálvez o Carolina Viggiano, o la participación del narcotráfico en favor de Rubén Rocha Moya. Las dos circunstancias estarán presentes en los próximos comicios.
Para dimensionar el tamaño de la intervención que, mediante el uso del presupuesto, hizo Obrador en la última elección presidencial, basta decir que los Requerimientos Financieros del Sector Público pasaron de 4.3% del PIB en 2023 a 5.9% en 2024.
En ese año, el gobierno se gastó 578 mil millones de pesos extra en déficit medido en RFSP en relación con el anterior. Eso sin contar que el tabasqueño era bastante gastalón, pues el déficit de Peña Nieto en 2018 solo llegó a 2.1%. En resumen: al régimen no le importa hundir las finanzas si con ello se evita la derrota.
Morena hará de todo para tratar de ganar los gobiernos locales y la Cámara de Diputados, y eso, no tengo duda, incluye robarse la elección. Anticipan el fraude la reciente resolución sobre las “boletas planchadas” y la salida de un buen número de funcionarios del INE.
En ese intento de hurto, los narcotraficantes y los gobernadores serán de gran utilidad para el régimen. Los ejemplos sobran y solo basta recordar los homicidios, secuestros, amenazas y campañas de odio que se arman en contra de los opositores.
¿Qué hacer? Se impone una amplia alianza democrática. No pactar es entregar la elección a quienes van a consumar la destrucción del país. La coalición electoral en los estados en disputa y en la mayoría de los distritos electorales permitiría unificar el voto opositor, defender las casillas, impedir el fraude, ahuyentar el peligro de la intervención del narco, llamar la atención internacional y, claro, derrotar a los malosos.
En un régimen autoritario hay pocas oportunidades para derrotar al partido oficial. Las condiciones están dadas para que en 2027 Morena se lleve una derrota contundente. Es momento de pensar en México. Las diferencias ideológicas de los opositores se pueden posponer para salvar algo importante: el sistema democrático.
En coalición, el triunfo es seguro. Los electores de Michoacán, Sinaloa o Colima, por decir solo tres entidades, se encuentran hartos del mal gobierno; la única y remota posibilidad que tienen los oficialistas radica en enfrentar a un a oposición dividida o con candidatos no idóneos.
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