Desde el Norte. La carta. Por Rubén Moreira Valdés
Sin previo aviso, el expresidente López Obrador irrumpió en la escena pública. Lo hizo mediante una carta que deja más dudas que certezas y contiene dos o tres mensajes relevantes. El tabasqueño permanece recluido en una finca en Chiapas, con la ventaja de tener cerca, por si se ofrece, un hospital y un cuartel del Ejército.
La carta tiene varios destinatarios, no únicamente Donald Trump, presidente de Estados Unidos. También parece dirigida a la militancia de Morena, a los funcionarios del gobierno, a las Fuerzas Armadas y a la propia titular del Ejecutivo. En una primera lectura —que, por cierto, exige más de una revisión para comprenderla sin confusiones— se percibe una redacción apresurada y poco reflexiva. El uso excesivo de adjetivos transmite desesperación y una evidente pérdida de control.
La misiva forma parte de una secuencia de acontecimientos que incluye la renuncia de Andrés López Beltrán a su cargo partidista y su destape como candidato a diputado; el discurso de la presidenta en el Monumento a la Revolución; las noticias sobre presuntos vínculos de personajes de Morena con el crimen organizado; la crisis con el gobierno de Chihuahua, y los cuestionamientos sobre la inacción en materia de seguridad durante la administración que encabezó. A ello se suma que, un día sí y otro también, surgen señales de que la economía nacional y las finanzas públicas atraviesan momentos de incertidumbre.
Por lo general, cuando un expresidente pertenece al mismo partido que el mandatario en funciones, opta por la discreción y procura no generar turbulencias. ¿Existen excepciones? Sí: Cárdenas durante los gobiernos de Ávila Camacho y López Mateos, y Echeverría en los años de López Portillo. Sin embargo, el caso más contundente es el del periodo conocido como el Maximato, cuando Calles intentó gobernar a través de sus sucesores. Aquella etapa terminó cuando el Tata lo subió a un avión y lo expulsó del país.
Con esta carta, López Obrador: 1) se asume como líder moral del movimiento que gobierna México; 2) presume un conocimiento geopolítico que no posee; 3) defiende la incompetencia de su gobierno en materia de seguridad; 4) enturbia la relación con los vecinos del norte; 5) vuelve a exhibir una personalidad de rasgos mesiánicos, y 6) demuestra ignorancia en materia histórica.
Obrador sueña con ocupar en la historia el lugar de figuras como Cárdenas o Juárez. Sin embargo, le espera el mismo casillero reservado para aquel veracruzano que entregó el país a intereses extranjeros y a quien la historia recuerda como el seductor de la patria.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista