Desde el Norte. La afrenta. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. La afrenta. Por Rubén Moreira Valdez

Las entidades tienen que soportar a un gobierno central ineficiente y que poco aporta a la prosperidad de las regiones de la Unión. El reclamo no es nuevo; sin embargo, hoy existen elementos que profundizan la crisis de nuestro federalismo.

Los ejemplos abundan y se presentan en diversos ámbitos.

El régimen centralista que ha instaurado Morena es una gigantesca sanguijuela que absorbe recursos de origen impositivo generados en las regiones del país y los malgasta en disparates y políticas públicas que poco contribuyen al desarrollo equilibrado de México y al bienestar de las personas.

Pero no solo eso: también constituye un lastre que resta competitividad y afecta a las economías estatales más dinámicas. Los inversionistas dejan de apostar por entornos donde no hay suficiente energía, la calidad educativa se deteriora y el sistema de justicia es deficiente.

Los ejemplos son numerosos; mencionaré solo tres para ilustrar el problema. Los trenes Maya e Interoceánico representan un fracaso monumental. El primero es un barril sin fondo y el segundo no funciona como se prometió. La ocurrencia ha costado a los mexicanos, hasta ahora, poco menos de 650 mil millones de pesos.

Ambos proyectos fueron presupuestados para ejecutarse con 175 mil millones. Imaginemos la infraestructura que se dejó de construir por haber destinado esa enorme cantidad de recursos a los caprichos de López Obrador. La refinería de Dos Bocas es otro de los casos emblemáticos de la torpeza del tabasqueño: su costo supera los 24 mil millones de dólares, alrededor de 16 mil millones más de lo previsto al iniciar la obra. De este elefante blanco se sabe poco, pues el gobierno ha complicado el acceso a los datos sobre su producción y desempeño.

La reforma al Poder Judicial es otra muestra del mal tino con el que actúan los morenistas. Los inversionistas extranjeros tienen pocos alicientes para traer sus proyectos a México.

En el acuerdo comercial firmado con la Unión Europea se incluyó un tribunal especial para resolver los conflictos entre particulares de esos países y el Estado mexicano. Con ello se evitó que sus controversias quedaran sujetas a los jueces nacionales, otorgándoles un trato preferencial frente a los empresarios mexicanos.

Según los especialistas Francisco Lezama y Mario Di Costanzo, durante el régimen morenista, 2.2 billones de pesos que antes se distribuían entre entidades y municipios se han concentrado en las arcas federales para financiar los caprichos de quien gobernó el país hasta 2024.

La cifra es enorme y sus efectos se perciben en múltiples aspectos de la vida nacional: desde el deterioro de vialidades, hoy llenas de baches, hasta la infraestructura que no se construye, lo que provoca una caída en el crecimiento económico. Siempre hay pícaros en el gobierno; el problema es que quienes hoy padecemos sus decisiones somos millones de mexicanos.

Cuando Morena busca explicaciones para sus derrotas en Durango y Coahuila, debería explorar, entre otras causas, el hartazgo de la periferia frente al centralismo que hoy gobierna al país.

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