Desde el Norte. Hidalgo y Sinaloa. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. Hidalgo y Sinaloa. Por Rubén Moreira Valdez

“El PRI no perdió, lo entregaron”. Me la han repetido muchas veces en las dos entidades. Militantes leales cuentan cientos de historias relacionadas con esa felonía llamada traición. Por unos pesos, impunidad y gloria efímera, varios gobernadores se plegaron al poder del nuevo régimen y le abrieron la puerta de sus entidades a nefastos candidatos de Morena.

La tragedia que vive Sinaloa sólo se entiende con la complicidad de quienes eran las autoridades de aquel momento. Lo que menos se espera de un militante que tiene un cargo público es lealtad, dentro de la ley, a su partido, a sus electores y a su ideología.

En Sinaloa, sin motivo aparente, unos días antes del destape, el político más mencionado para competir por la gubernatura desistió de su pretensión. Unos meses después, el día de la elección, el narcotráfico secuestró a cientos de operadores del PRI y con ello abonó al triunfo de Morena.

Nadie quería ayudar a Mario Zamora, candidato del PRI-PAN-PRD, a presentar una impugnación. Más tarde, la dirección del partido en la entidad renunció: se fue al Verde. Un año después, el exgobernador Quirino era designado embajador en España.

También terminó de embajador, pero en Noruega, Omar Fayad Meneses, el estrambótico político hidalguense que se desempeñaba como gobernador de su entidad. Meses atrás, y en medio del proceso electoral de su sucesión, juró ante casi un centenar de legisladores que nunca aceptaría un cargo en el gobierno de Morena.

No quería como candidata a Carolina Viggiano; le estorbaba en su intención de entregar el estado. Al terminar su gobierno, sus incondicionales se mudaron a oficinas del gobierno morenista o a opciones cercanas a este.

El presidente del PRI en la entidad, familiar de Fayad, asumió la delegación federal de la SEDATU y no deja de aparecer sonriente en fotografías con Julio Menchaca. El actual gobernador fue titular de la presidencia del Tribunal Superior de Justicia en tiempos del gobernador Manuel Ángel Núñez y tiene importantes ligas con un empresario de la localidad.

Lo que narro son los últimos y más cobardes episodios de algo que inició mucho antes. Tal vez con otros gobernantes y dirigentes indolentes. Unos que se pensaron expertos de la “política” y que, de manera bastante estúpida, hacían lo que llamaban “jugadas maestras”. Se olvidaron de lo que significa militar en un partido y de la naturaleza de estas instituciones. Optaron por el marketing en lugar del trabajo político. Los entiendo: nunca se formaron en la teoría de los partidos ni en la lucha de las ideas.

No imagino a ninguno de ellos reflexionar sobre aquella frase del viejo Mao que dice: “Ningún partido político puede conducir un gran movimiento revolucionario a la victoria si no posee una teoría revolucionaria, un conocimiento de la historia y una comprensión profunda del movimiento práctico”. No los imagino trabajando con las masas y menos estudiando. Conozco a varios de ellos y lo suyo es decir disparates y preocuparse por frivolidades. Su ascenso se debe al arte palaciego y nada más. Entregaron Hidalgo y Sinaloa al crimen.

A Quirino, Pavlovich y Omar los premiaron, pero pasarán a la historia como traidores y corresponsables de las tragedias que se viven en las entidades que gobernaron.

No defendieron su credo político, tampoco el futuro de sus paisanos y menos las instituciones y libertades que hoy están en peligro. Por cobardía o comodidad, dejaron que entraran a sus entidades las narrativas de Morena. No metieron ni las manos. Solo se arreglaron y recibieron sus treinta monedas.

Ni Rocha Moya ni Menchaca gobiernan; son nombres del lado incorrecto de la historia. El primero será recordado por la mayor crisis de seguridad en la historia de México y el segundo, por ser un político mediocre que ejecuta lo que le ordena la rapaz y minúscula oligarquía local. Los dos saben que ganaron a la mala y, por lo tanto, son espurios.

P. S. Hay otros exgobernadores priistas y panistas que recibieron embajadas. En el caso de Hidalgo, el mediocre Menchaca, ante la posibilidad de perder, recibió apoyo ilegal de López Obrador y de una campaña negra en contra de su opositora. Según la prensa, la estrategia se sigue pagando desde el erario de la entidad y la cabildera sigue actuando y entregando dossiers.

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