Desde el Norte. El fracaso de la Femexfut. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. El fracaso de la Femexfut. Por Rubén Moreira Valdez

Los jugadores y la afición triunfaron, y debemos festejar que estuvieron a la altura del evento. No se puede decir lo mismo de los directivos del futbol ni de los propietarios de equipos que mangonean, a su gusto y conveniencia, ese negocio, en perjuicio de las y los mexicanos que disfrutan de este deporte y gustan de ver triunfar a su selección.

El futbol es un próspero negocio y su gobierno se ha convertido en un convenenciero poder supranacional. Según fuentes autorizadas, las ganancias de la FIFA ascienden a 30 mil millones de dólares. Esto no representa el total del negocio, pues hay aspectos, como las utilidades de las televisoras, que no se incluyen en esa cifra.

El evento influye en muchos aspectos de la vida de las comunidades. No faltaron políticos que se pusieron en “modo party” para tirar la milonga y olvidarse de sus responsabilidades, ni quienes suspendieron las clases o cerraron las oficinas para cumplir con el cívico y patriótico deber de observar los partidos de nuestra amada selección.

El señor Infantino salió más vivillo que un chinicuil en grasa caliente: aumentó el número de competidores y, con ello, los partidos, el tiempo de la contienda, los comerciales, los derechos de transmisión y el boletaje, entre otras cosas. A decir de muchos, el tipo tenía su equipo favorito, y este avanzaba por la “mano de Dios”.

El dueño, perdón, directivo, no dudó en entregar un vistoso galardón al presidente Trump por su contribución a la paz, y este señor tampoco dudó en usar sus “modestas” influencias para levantar un castigo que afectaba a un jugador de la selección de las barras y las estrellas.

México fue eliminado por Inglaterra, país que, a la postre, terminó en tercer lugar después de perder con el poco simpático conjunto de Argentina.

Por cierto, tengo el gusto de conocer y admirar esa gran nación, pero, en esta ocasión, sus representantes en el deporte de las patadas se esmeraron en lograr el odio de medio planeta, por no decir de todo.

Tuvieron éxito, y hasta los más encumbrados morenistas se vistieron de churumbeles y manolas para mostrar su apoyo a la escuadra de la madre patria. Sé de algunos que, en franca actitud “baturra”, se atracaron de tintillo y paella hasta caer de espaldas, por no decir de glúteos.

Los finalistas fueron dos naciones de habla española e iberoamericanas. No fueron los sajones, los africanos, los anglos ni los mamados nórdicos quienes disputaron el último juego de la Copa.

La mayor parte de los atletas de España y Argentina tienen apellidos similares a los nuestros y comparten características genéticas o fenotípicas. Traigo a cuenta lo anterior para eliminar las explicaciones sobre las posibilidades de éxito basadas en características físicas.

Hay que ser claros: en México, los empresarios del futbol han condenado al país a ser eliminado antes del sexto juego. Le quitaron el espíritu de competencia, así como la formación y la promoción de nuevos cuadros. Todo por el cochino dinero.

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