Desde el Norte. El Carmelo y Cuajimalpa. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. El Carmelo y Cuajimalpa. Por Rubén Moreira Valdez

Hace 200 años, el Carmelo salió del lugar y se fue rumbo a Tenancingo. Si caminas por los corredores del viejo convento, puedes morir de frío, y seguro eso fortalecía la convicción de los descalzos.

En medio del bosque y a una buena altura, la humedad inunda el ambiente y hace volar la imaginación a los tiempos en los cuales se construyó el sitio, a los de un temblor que dañó la construcción o al paso de insurgentes, liberales, conservadores y revolucionarios. Por el lugar anduvo de excursión Carranza y, tal vez por ello, decretó el bosque como parque nacional.

El exconvento ahora forma parte de la alcaldía Cuajimalpa y el pasado domingo se hizo la reapertura de la capilla y la bendición de la imagen de Nuestra Señora del Carmen. Me invitaron los sacerdotes Martín López y Eric Contreras, y allí tuve la oportunidad de presenciar el fervor de la comunidad, el trabajo de la alcaldía y de escuchar excelentes alocuciones, entre ellas, la del obispo don Francisco Javier Acero, quien llamó a la paz, la unidad y el respeto.

Se conmemoran 100 años del conflicto religioso en México. Poco se habla de ello, no obstante, la gran trascendencia del acontecimiento y la importancia que tiene entender lo sucedido y aprender de aquellos terribles episodios. En la prédica del señor obispo se trató el tema y la correcta postura del creyente católico ante la violencia.

El frío, dicen unos; la proximidad de poblaciones al convento, las enfermedades o la inseguridad, dicen otros, fueron los motivos del abandono del lugar. Las Leyes de Reforma y las de 1917 dejaron a las iglesias sin propiedades, y eso también pasó con el imponente complejo arquitectónico.

Pero la fe sobrevive, y el regreso de la Iglesia al lugar lo demuestra. En el público había empresarios, tres legisladores, autoridades, pero, sobre todo, vecinos y creyentes. Todos nos emocionamos con el rito que sirve para la reapertura del templo y en el cual se limpian los agravios a la fe.

El sitio se llama Desierto de los Leones y antes Santo Desierto de Nuestra Señora del Carmen de los Montes de Santa Fe. El nombre deviene de la necesidad de una vida en soledad y silencio para escuchar la voz del Señor, y por ello hasta aquel lugar llegaron los del Carmelo en 1604.

El primer edificio es obra del arquitecto fray Andrés de San Miguel; sin embargo, el sismo de 1711 provocó una reconstrucción que terminó en 1724 y fue obra de Miguel de Rivera, Manuel de Herrera y José Antonio de Roa.

Los carmelitas descalzos son sucesores de Santa Teresa y San Juan, grandes místicos de la Iglesia católica. Su regla les impone la mayor de las austeridades, la oración constante y, supongo, vivir en una congeladora.

Doscientos años después, de nuevo se abrió al culto la capilla. Hay personas que piensan que todo es para siempre y que el pasado no regresa.

P. S. Me dio mucho gusto ver a Eric y Martín felices por la ceremonia y por lo que ello significa. Se les notaba en sus rostros la alegría y, por supuesto, la satisfacción de recuperar una tradición de 200 años.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista