Desde el Norte. Corea, Han Kang y Morena. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. Corea, Han Kang y Morena. Por Rubén Moreira Valdez

“Más de la mitad de las líneas que aparecen en las primeras diez páginas aparecen tachadas. En las siguientes treinta páginas, más o menos, está tachada la mayor parte del texto. Al pasar la página cincuenta, como si el trabajo de tachar les hubiera resultado molesto, han borrado la totalidad de las páginas con un rodillo humedecido en tinta negra. Como las hojas han quedado empapadas, el libro se ha hinchado y ha tomado la forma de un prisma irregular”.

Han Kang es coreana y tiene 55 años. También es divorciada, condición que no tiene relación con el tema de esta columna, pero que aparece en varias de sus reseñas biográficas. Se hizo famosa cuando recibió el Nobel de Literatura y, en todos los mostradores de las librerías, aparecieron sus textos. Durante unas semanas, lo de moda era comentar sus lecturas y uno que otro dato de sus narraciones.

Ahora que los de Morena están empeñados en su tarea de concentrar el poder, construir mecanismos para controlar a la población y evitar la crítica a sus inútiles obras y políticas públicas, vale la pena una lectura de la novela testimonial Actos humanos, publicada en 2014 e inspirada en el Levantamiento de Gwangju, un acontecimiento fundamental en la historia reciente de Corea del Sur que terminó en una tremenda represión y en el homicidio de un buen número de personas. La autora relata el ambiente de la dictadura y la censura.

Corea del Sur es una potencia y su capital es un mar de actividad. Por las noches, cientos de cruces de neón señalan los templos, una buena parte de ellos metodistas. Los edificios exhiben las grandes marcas automotrices y electrónicas que dominan el mercado y que son de capital de esa nación.

En las pláticas aparece el orgullo por su desarrollo, la molestia con los japoneses —que en el pasado los agredieron y, durante la Segunda Guerra Mundial, secuestraron a mujeres para llevarlas al servicio sexual de los soldados en el frente— y también las historias de la dictadura y su censura.

Mientras eso sucede en la tierra de Kia, Samsung y Kang, acá, en la del tamal y el mole de olla, Morena ha propuesto un mecanismo para censurar a los medios de comunicación e intimidar a los periodistas. Para empezar, dijo la titular del Ejecutivo, las reglas se aplicarán a la radio y la televisión, dejando abierta la posibilidad de ampliar los controles a las redes sociales. La amenaza es de multas y cancelación de concesiones.

La izquierda mafiosa que dice gobernar este país se ha propuesto controlar lo que se dice en los noticieros y telediarios. Para ello, se prepara una red que envidiaría la policía política de Alemania del Este y que incluye censores por estación y un “Gran Hermano” que va a depender de un tal señor Merino.

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