Desde el Norte. Atenágoras de Atenas, el apologista. Por Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. Atenágoras de Atenas, el apologista. Por Rubén Moreira Valdez

Máximo Décimo Meridio no existió, salvo en la película. Tampoco Cómodo mató a Marco Aurelio, su padre, ni éste era tan buena onda como el personaje que interpreta Richard Harris.

Es cierto que Marco Aurelio fue un aprendiz de filósofo y escribió Meditaciones, un libro que, por cierto, todavía se vende en los supermercados. Como buen emperador, persiguió a los cristianos durante su gobierno, y algunos fueron ejecutados.

Atenágoras nació hacia el año 115, probablemente en Atenas. Se convirtió al cristianismo y vivió a lo largo del siglo II; su muerte se sitúa hacia el año 190. Fue un intelectual, erudito y, en términos modernos, un académico. Su formación estuvo vinculada al platonismo. Un buen día dejó Grecia y se trasladó a Alejandría, donde, según algunas tradiciones, fundó una escuela y se puso a chambear.

Firmó sus textos como «Atenágoras, el ateniense, filósofo y cristiano», y en ellos dio testimonio de su erudición y cultura. De su producción se conservan dos obras. Una de ellas es la Súplica en favor de los cristianos, dirigida a los emperadores Marco Aurelio Antonino y su hijo Cómodo.

En ella se propone mostrar que los planteamientos del cristianismo son plenamente razonables y utiliza las ideas platónicas para interpretar la fe cristiana en el contexto de las culturas griega y romana. Algunos estudiosos la consideran una de las apologías cristianas más importantes del siglo II.

En ese texto, el ateniense combate algunas de las calumnias más graves que pesaban sobre los seguidores de Jesús: se les acusaba de ser ateos, de practicar el canibalismo y de participar en uniones sexuales impropias. Es claro que la nueva «secta» no era bien entendida en el mundo grecorromano y que algunas de sus posturas causaban escozor entre las autoridades y determinados sectores de la sociedad imperial.

En el texto aparecen dos frases reveladoras: «No es lícito para nosotros, que consideramos que Dios conoce hasta nuestros pensamientos, cometer la menor injusticia» y «No atendemos tanto a las palabras como a la demostración de las acciones».

La otra obra es el tratado Sobre la resurrección de los muertos. Se trata de una defensa racional de la doctrina cristiana de la resurrección, un tema difícil de aceptar en el ambiente filosófico grecorromano.

Atenágoras argumenta que el ser humano no es solo alma ni solamente cuerpo, sino una unidad de ambas dimensiones. La resurrección aparece, entonces, como consecuencia de la concepción cristiana del ser humano. Así lo expresa: «El fin de la creación del hombre es que participe de una vida inteligente y, contemplando la grandeza de Dios, permanezca para siempre».

Atenágoras produjo una de las primeras obras cristianas dedicadas a desarrollar una doctrina sobre la resurrección. Argumenta que la naturaleza humana requiere una continuidad tanto del cuerpo como del espíritu y que, por lo tanto, la resurrección final es necesaria. La vida presente no constituye la totalidad de la existencia humana. Existe una dimensión escatológica en la que Dios llevará a plenitud su justicia y su proyecto para la humanidad.

Atenágoras de Atenas ocupa un lugar singular entre los primeros escritores cristianos que, durante el siglo II, tuvieron que defender la nueva fe frente a las acusaciones, incomprensiones y prejuicios de los romanos, entonces dueños del mundo.

Su figura pertenece al movimiento de los llamados Padres apologistas, autores que intentaron explicar racionalmente el cristianismo y mostrar que la fe cristiana no constituía una amenaza para la sociedad ni una superstición irracional, sino una doctrina coherente acerca de Dios, el ser humano, el mundo y la vida ética.

Marco Aurelio murió de viejo; Cómodo fue estrangulado por un atleta llamado Narciso. De la vida privada de Atenágoras sabemos poco y, de Russell Crowe, por lo que vemos en las fotografías, es claro que se tragó a Máximo y a dos o tres de los leones de utilería.

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