Contradicciones. México puede volver a ganar en 2026. Por Ricardo Monreal Ávila

Contradicciones. México puede volver a ganar en 2026. Por Ricardo Monreal Ávila

Cuando recordamos los Mundiales de futbol de 1970 y 1986, la conversación gira en torno a los goles, las figuras históricas y los momentos que quedaron grabados para siempre en la memoria de la afición. Se recuerda a Pelé levantando la Copa, el gol de “la mano de Dios” de Diego Armando Maradona y los estadios mexicanos convertidos en escenario de algunas de las páginas más importantes de la historia de ese deporte.

Sin embargo, existe otro legado de aquellos torneos, que rara vez ocupa los titulares: la forma en que cambiaron la percepción internacional sobre México.

Durante varias semanas, millones de espectadores y turistas conocieron de nuestras ciudades, nuestra cultura, nuestros paisajes y nuestra capacidad de organización. Para muchos fue la primera vez que tuvieron contacto con una imagen de México distinta de la que aprendieron a través de estereotipos o referencias superficiales.

En 1970, nuestro país mostró al mundo que podía organizar un evento de dimensión global en una época en que las transmisiones internacionales comenzaban a conectar al planeta como nunca antes. En 1986, apenas meses después del devastador terremoto de 1985, el país envió un mensaje todavía más poderoso: que era capaz de levantarse, reconstruirse y cumplir con éxito un compromiso que parecía imposible.

Hoy, cuarenta años después de aquella última Copa del Mundo organizada en suelo mexicano, el país vuelve a tener la extraordinaria oportunidad de ser anfitrión de millones de visitantes y de una audiencia global que se contará por cientos de millones de personas. Y aunque el futbol será el protagonista, el verdadero desafío va mucho más allá de lo deportivo.

Durante años, una parte importante de la conversación internacional sobre México estuvo dominada por noticias relacionadas con violencia, inseguridad y crimen organizado. Estas problemáticas existen y no deben ignorarse. Pero también es cierto que esa visión, cuando se convierte en la única narrativa, termina ofreciendo una imagen incompleta del país.

México es mucho más que los problemas que aparecen en los encabezados noticiosos. Es uno de los países con mayor riqueza cultural del planeta; cuenta con innumerables zonas arqueológicas admiradas por millones de personas; con playas, montañas, desiertos y ciudades coloniales que forman parte del patrimonio de la humanidad, y una gastronomía mundialmente reconocida. Es un país donde conviven tradiciones ancestrales con una economía moderna y dinámica.

Pero, sobre todo, México es su gente.

Quienes visitan nuestro país suelen recordar algo que ninguna campaña publicitaria puede fabricar: la hospitalidad. La disposición para ayudar a una persona del extranjero, la facilidad para entablar conversación, la calidez con que se recibe a las y los visitantes y la capacidad de hacer sentir a alguien como en casa son características que aparecen una y otra vez en los testimonios de quienes conocen México de primera mano.

Esa experiencia humana es, probablemente, el activo más valioso que posee el país frente al mundo.

Por eso, el Mundial de futbol de 2026 representa mucho más que un torneo deportivo. Es una oportunidad para mostrar un México real. Un México complejo, diverso y lleno de contrastes, sí, pero también creativo, trabajador, resiliente y profundamente orgulloso de su identidad.

México tiene la oportunidad extracancha de obtener el reconocimiento internacional de ser un país extraordinario. Un país que no puede resumirse en los cárteles ni en la violencia. Un país definido por su cultura, diversidad, historia, talento y la enorme calidad humana de quienes lo habitan.

Como nuestras y nuestros ancestros lo creían, y hoy en día lo seguimos demostrando, México es el ombligo de la luna, un lugar de suma importancia para el mundo, una nación relevante e inigualable.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

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