Contradicciones. La soberanía, más actual que nunca. Por Ricardo Monreal Ávila

Contradicciones. La soberanía, más actual que nunca. Por Ricardo Monreal Ávila

No hay que ser más papistas que el papa ni más aperturistas que las amuralladas economías globales. De la globalización económica hay que tomar lo que a la soberanía nacional convenga.

Parte importante de la narrativa neoliberal que escuchamos durante tres décadas fue que los grupos de conceptos asociados al “nacionalismo” (soberanía, mercado interno, autodeterminación de los pueblos, aranceles, autonomía política, Estado nación, entre otros) pasaban al baúl de los recuerdos y que lo nuevo eran los conceptos asociados a la “globalización” (apertura comercial, reformas estructurales, integración regional, desregulación, outsourcing laboral, etcétera).

Pues bien, de acuerdo con diversos estudios que miden los grados de globalización de los países contemporáneos (desde AT Kearney hasta el Índice KOF o según el McKinsey Global Institute y hasta el centro de estudios de la globalización que dirige en Yale el expresidente mexicano Ernesto Zedillo), las naciones más globalizadas son también las que más restricciones o barreras proteccionistas mantienen en ciertas áreas de su economía, su política interna, su política industrial y, últimamente, en su política científica y tecnológica.

Más aún, estos centros de promoción de la globalización buscan imponer a los países en desarrollo, como México, reformas estructurales que no se aplican en sus naciones. El caso más conocido es la política de producción en el campo, con la cual exigen la desaparición de apoyos considerados “proteccionistas” o “desleales”, cuando en sus países mantienen subsidios gubernamentales directos e indirectos a los productores agropecuarios.

Lo mismo podemos observar en otras áreas de la economía, como el sector financiero, la industria automotriz, la industria farmacéutica, el sector energético y, recientemente, la competencia encarnizada por el control de la banda 5G y las tecnologías de la información y de la comunicación. Todas estas restricciones, barreras y protecciones arancelarias y no arancelarias que tienen los países más “liberales” se imponen en nombre de una serie de conceptos asociados con el “anciano” y decimonónico concepto de la soberanía: seguridad nacional, salud pública, razón de Estado, integridad territorial, “cúpula dorada” o defensa aérea antimisiles.

Entonces, no hay que ser más papistas que el papa ni más aperturistas que las amuralladas economías globales. De la globalización económica hay que tomar lo que a la soberanía nacional convenga y no abrirse ni adoptar ad nauseam reformas liberales que no aplican ni las naciones más globalizadas.

En este sentido, el presidente Donald Trump es un ejemplo que seguir: está reconstruyendo una de las potencias más globalizadas en la historia de la humanidad a partir de una visión de soberanía nacional integral, que incluye desde aspectos migratorios domésticos hasta medidas de seguridad nacional que anteponen la integridad de su país a cualquier otra consideración.

Ímpetu nacionalista mostró la Presidenta Claudia Sheinbaum el pasado domingo, en el Zócalo capitalino, cuando centró su discurso en la defensa de la soberanía mexicana —y contra cualquier tipo de injerencismo del exterior—, tras recordar que nuestra Constitución Política contempla pena máxima de cárcel para las personas extranjeras que atenten contra ese principio fundamental.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

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