Contradicciones. La latinidad en EUA: aportes culturales, lingüísticos y socioeconómicos. Por Ricardo Monreal Ávila
En EUA, la presencia latina es un hecho que se expresa en un sinnúmero de aristas. En 2024, la población con raíces latinas (o hispanas) rondó los 68 millones de personas, cerca de una quinta parte del país, y explicó alrededor del 56% del crecimiento poblacional entre 2000 y 2024.
Ello es un indicador de su papel como motor demográfico de la nación, pero también de sus efectos en la cotidianeidad: barrios, escuelas, iglesias, pequeños negocios, oficios y profesiones. En dichos rubros lo “latino” se expresa con una enorme energía social que, hoy por hoy, define la sociedad multicultural estadounidense.
La relevancia latina se percibe con especial claridad en el trabajo. En 2023, este grupo representó cerca del 19 por ciento de la fuerza laboral civil (31.8 millones) y, desde 2003, su presencia creció 69 por ciento, mientras que el conjunto no hispano aumentó alrededor del 6 por ciento.
En el agregado, ese crecimiento explicó aproximadamente dos tercios de la ampliación neta de la fuerza laboral entre 2003 y 2023.[13] A la par, en 2024 la población latina representó 35.1 por ciento del empleo en la construcción, un ámbito íntimamente ligado a vivienda, infraestructura y cadenas productivas que determinan el costo de vivir y el ritmo de crecimiento. Como podemos observar, millones de trayectorias con rostro latino sostienen ciudades enteras y, nos atrevemos a decir, incluso a buena parte del país.
A esa fuerza de trabajo se suma la del emprendimiento. Los datos oficiales del U.S. Census Bureau muestran un crecimiento sostenido del empresariado latino. Para 2022, se estimaba que había 465,202 negocios con ingresos anuales de US$653.5 mil millones, 3.6 millones de personas empleadas y aproximadamente US$143.2 mil millones en nómina anual.
A ello podemos agregar el denominado “PIB latino” (U.S. Latino GDP), usado para dimensionar la magnitud de la actividad económica de esta población dentro de EUA. El Latino Donor Collaborative estimó que ese PIB llegó a US$4 billones y lo describió como un peso económico equiparable a una de las mayores economías del mundo.
Al aporte económico se suma la contribución lingüística y cultural. En 2024, 44.9 millones de personas (aproximadamente 1 de cada 7 residentes de 5 años o más) hablaban español en casa, y más de la mitad de ese universo vivía en California, Texas o Florida, lo que ayuda a explicar por qué en amplias regiones el bilingüismo es absolutamente normal (no sólo en los hogares, también en lo público, en los servicios, comercio, televisión y redes sociales).
En términos comparados del país, el español es la lengua no inglesa más común y, según el resumen de datos del U.S. Census Bureau, es la principal lengua “después del inglés” en prácticamente todos los estados (con excepciones puntuales como Hawái, Maine y Vermont, donde otras lenguas ocupan ese lugar).
El resultado es una sociedad estadounidense multicultural y multilingüe, donde el español opera como activo económico y de cohesión social: facilita mercados, amplía audiencias, reduce fricciones en servicios y vuelve más competitivas a empresas e instituciones en una nación que, en muchas partes, ya funciona en clave bilingüe.
La latinidad ha impulsado la movilidad social mediante trabajo, emprendimiento, educación y redes comunitarias. Es una fuerza que se hereda y se transforma, desde los abuelos que llegaron con miedo y disciplina hasta las hijas e hijos que traducen, estudian, abren negocios, compran casas y construyen la gran ciudadanía multicultural estadounidense.
Por eso, la historia contemporánea de EUA no puede explicarse sin esa energía demográfica, económica y cultural, que renueva al país día con día. Basta con encender el televisor y escuchar el español en un amplio número de canales o con curiosear los apellidos y orígenes latinos que están en todas partes (escuelas, hospitales, universidades, medios, arte, sindicatos, corporaciones, gobernadores, congresistas y hasta secretarios de Estado).
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