Contradicciones. El impulso del voto latino en el péndulo político de Estados Unidos. Por Ricardo Monreal Ávila

Contradicciones.  El impulso del voto latino en el péndulo político de Estados Unidos.  Por Ricardo Monreal Ávila

Encuestas y resultados electorales recientes en Estados Unidos han mostrado un viraje en las preferencias del electorado en favor de las opciones demócratas. De cara a los comicios de medio término, la población latina puede desempeñar un papel relevante e incluso definir resultados en algunos condados o distritos clave. En este artículo analizo el peso del voto latino rumbo a las intermedias de noviembre próximo.

En Estados Unidos viven alrededor de 68 millones de personas latinas, equivalentes a una quinta parte de la población. El crecimiento demográfico de este grupo representó 71 por ciento del aumento poblacional entre 2022 y 2023. Además, se trata de un colectivo relativamente más joven que el promedio nacional: la edad mediana de la población latina es de 31.2 años, frente a 39 en el conjunto del país.

En términos económicos, el producto interno bruto (PIB) de esta comunidad se estima en 4.1 billones de dólares en 2025. Por su tamaño, esta economía sería la quinta más grande del mundo.

Radiografía breve del electorado latino

El voto latino es significativo porque puede modificar resultados en estados y distritos específicos e incluso incidir en la balanza legislativa regional o nacional. El número de personas latinas elegibles para votar ha aumentado en los últimos años. En 2024 había alrededor de 36.2 millones de latinos con derecho a votar, frente a 27.3 millones en 2016. De acuerdo con Pew Research Center, en 26 distritos las y los latinos constituyen al menos la mitad del electorado elegible, con una mayor concentración en California y Texas.

En 2024, el voto latino estuvo dividido casi por partes iguales. Pew Research Center estima que 51 por ciento votó por Kamala Harris y 48 por ciento por Donald Trump. En general, las mujeres y las personas con formación universitaria se inclinaron por Harris, mientras que los hombres, especialmente aquellos sin estudios superiores, favorecieron al candidato republicano.

Según datos disponibles, en 2024 votaron unos 17.5 millones de personas latinas, frente a 36.2 millones elegibles para hacerlo. Esto significa una participación aproximada de 48.3 por ciento. Esta proporción está por debajo del 65.3 por ciento de las personas que asistieron a las urnas en el país, según lo reportado por el Censo. La diferencia puede deberse a que la población latina es relativamente más joven y presenta niveles históricamente menores de registro y movilización política.

El voto latino no es estático. En 2020, el expresidente Joe Biden ganó entre votantes latinos por un margen amplio, pero en 2024 la ventaja demócrata se redujo drásticamente. Los cambios más notorios en la orientación del voto en 2024 se registraron en el sur de Texas, donde 12 de los 14 condados fronterizos, muchos de mayoría latina, votaron por el candidato republicano Donald Trump.

En este desplazamiento pueden identificarse dos motores. El primero es la economía cotidiana: la preocupación por el empleo, el aumento de precios y el costo de la vivienda. El segundo es la migración y la seguridad. En algunos sectores del electorado latino, el mensaje republicano de mayor control y orden tuvo eco. Estos mismos factores pueden hacer que el péndulo vuelva a moverse en sentido contrario.

Encuestas nacionales recientes muestran cierto repunte en favor del Partido Demócrata. La disminución del apoyo a los republicanos es más pronunciada entre las y los votantes latinos: segúnPew, 70 por ciento desaprueba la gestión del presidente, frente a 60 por ciento en el público general.La economía cotidiana sigue siendo un factor central en esa evaluación.

Pese al discurso gubernamental sobre resultados positivos, una parte de este electorado no percibe mejoras en su vida diaria y resiente el aumento de precios, así como presiones persistentes en rubros como salud, educación y vivienda.

Además, la migración y la seguridad pasaron de ser un activo político a un factor de desgaste para el partido en el poder. Diversos reportes basados en encuestas nacionales documentan mayor preocupación por la posible deportación de familiares, cambios de conducta para evitar riesgos y una percepción extendida de que la situación de la población latina ha empeorado.

En varias comunidades se ha extendido un clima de temor, incluso entre personas con ciudadanía. Esto se ha traducido en una menor confianza hacia el Gobierno. En ese contexto, una encuesta de The Economist/YouGov reporta que 68 por ciento de la población latina desaprueba la gestión migratoria del presidente Trump.

Importancia de lo local

La relevancia del voto latino se aprecia mejor cuando se pasa del porcentaje nacional a la escala local: condados, corredores metropolitanos y distritos competitivos. En las elecciones intermedias, la participación suele disminuir, de modo que pequeñas variaciones en movilización o abstención pueden definir mayorías legislativas.

En ese contexto, las primarias de Texas de marzo de 2026 pueden leerse como un termómetro temprano rumbo a las elecciones intermedias. En dicho estado, más de 4.4 millones de personas votaron, una cifra superior a la registrada en las primarias presidenciales de 2020 y 2024.

Esto sugiere un mayor involucramiento electoral y una movilización partidista más intensa de lo habitual. En la contienda demócrata al Senado federal, James Talarico, representante estatal por el distrito 50 de Austin, obtuvo la nominación para competir en noviembre. Diversas coberturas periodísticas y análisis vinculan su victoria al respaldo latino, mientras Jasmine Crockett concentró más apoyos entre el electorado afroamericano.

En las primarias texanas, la participación aumentó sustancialmente en varios condados de mayoría latina, especialmente en la franja fronteriza. Starr e Hidalgo, ambos con amplia presencia de hispanos, experimentaron algunos de los mayores incrementos de votación. Dado que en Texas no existe registro partidista previo, cualquier elector puede elegir la boleta de cualquiera de los partidos. Algunos análisis sugieren que entre la población latina que acudió a votar, la opción demócrata fue mayoritaria.

Los resultados en Texas también ponen en duda la idea de que el realineamiento del voto latino hacia el Partido Republicano sea estable. Si parte de ese electorado vuelve a movilizarse contra el partido en el gobierno por razones económicas y migratorias, varias circunscripciones fronterizas podrían resultar más competidas de lo que los republicanos anticipaban al redibujar los mapas distritales.

Hay varios distritos donde la variable latina puede ser decisiva rumbo a 2026. En Texas destaca el Distrito 15, de mayoría latina, donde la republicana Monica De La Cruz buscará reelegirse frente al demócrata Bobby Pulido. Fuera de Texas, el Distrito 8 de Colorado se ha definido por márgenes mínimos, lo que vuelve crucial cualquier cambio pequeño en participación y preferencias. Mientras tanto, en Arizona, el Distrito 6 se perfila como una de las contiendas más cerradas entre Juan Ciscomani y Joanna Mendoza.

Hacia las intermedias

Ambos partidos llegarán a las elecciones de noviembre con márgenes estrechos. En la Cámara de Representantes, la mayoría requiere 218 escaños. Con el reparto actual, a los demócratas les basta un cambio neto de tres distritos para recuperar la mayoría, mientras que los republicanos solo pueden perder dos para conservarla. En el Senado, el reto para los demócratas es mayor: necesitan un cambio neto de cuatro escaños.

Aunque todavía es pronto, el panorama parece haber mejorado para los demócratas. Una encuesta de The Economist/YouGov reportó que 43 por ciento del electorado latino planea votar por los demócratas en las elecciones intermedias, frente a 27 por ciento que lo haría por los republicanos.

En ese contexto, el voto latino no será un dato más del panorama electoral, sino una de las claves para entender hacia dónde puede moverse el equilibrio político en 2026. En contiendas cerradas, especialmente en distritos competitivos y grandes zonas metropolitanas, su peso podría ser determinante.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista.