Contradicciones. Ajedrez económico: México y la Unión Europea. Por Ricardo Monreal Ávila
Mientras buena parte de la conversación económica mexicana sigue girando —como es natural— alrededor de Estados Unidos (EU) y el T-MEC, que se revisará pronto, hay un movimiento estratégico que hace unos días hizo la presidenta Claudia Sheinbaum y que quizá no está recibiendo suficiente atención pública: la modernización del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea (UE).
Esta actualización se da en un momento de tensiones en el mundo, pero como una válvula de alivio para la economía mexicana, y no solo para modernizar el tratado original firmado en el año 2000, pues esta vez se busca realmente explotar el potencial de las economías europeas en México y del comercio mexicano en la UE.
Las cifras ayudan a entender la dimensión de esta relación. Actualmente, la UE es el tercer socio comercial de México y el segundo inversionista extranjero más importante en territorio nacional. El comercio bilateral supera los 86 mil millones de euros anuales y en la última década el intercambio creció más del 75%. Además, la inversión europea acumulada en México supera los 206 mil millones de euros, con casi 14 mil empresas europeas operando en el país.
Pero el verdadero valor del acuerdo no está únicamente en el tamaño de las cifras, sino en lo que puede provocar hacia adelante. México exporta a EU alrededor del 80% de sus productos. Eso significa que cualquier amenaza de aranceles, renegociaciones o crisis políticas en ese país pueden afectar directamente a millones de empleos mexicanos. La UE aparece entonces como un contrapeso estratégico.
El nuevo acuerdo elimina o reduce aranceles en sectores clave y abre oportunidades para productos mexicanos que tienen alta demanda en Europa. Café, aguacate, berries, miel, chocolate, tequila, jarabe de agave y productos agroindustriales podrán entrar con mayores facilidades al mercado europeo. También se fortalecen áreas como dispositivos médicos, industria automotriz, farmacéutica, energías limpias y servicios digitales.
De acuerdo con estimaciones europeas, las exportaciones mexicanas hacia el Viejo Continente podrían crecer cerca de un 50% hacia el final de la década. Reuters incluso reportó proyecciones que calculan un aumento de las exportaciones de México a Europa de entre 24 mil y 36 mil millones de dólares para 2030.
Hay otro elemento igual de importante: el fenómeno del nearshoring. Muchas empresas europeas buscan mover parte de su producción fuera de Asia para acercarse al mercado norteamericano y reducir riesgos geopolíticos. México tiene una ventaja enorme en ese escenario. Cuenta con ubicación estratégica, acceso preferencial a EU mediante el T-MEC y ahora una relación modernizada con Europa. En otras palabras, nuestro país puede convertirse en una plataforma industrial entre ambos bloques económicos.
Esto podría traducirse en más inversión extranjera, nuevos parques industriales, crecimiento de infraestructura logística y empleos mejor pagados. Sectores como electromovilidad, semiconductores, energías renovables y manufactura avanzada podrían recibir una ola importante de capital europeo en los próximos años.
El acuerdo también tiene implicaciones políticas. En un momento de crecimiento del proteccionismo y de las guerras comerciales en distintas regiones del mundo, México y Europa envían un mensaje a favor de la apertura económica y del comercio internacional basado en reglas. No es casualidad que el tratado haya cobrado fuerza justo cuando EU endureció discursos comerciales y amenaza constantemente con nuevos aranceles.
Este acuerdo busca fortalecer al mercado mexicano en el mundo, pero además nuestro gobierno manda un mensaje contundente: México es independiente y libre y en cualquier momento puede voltear su mirada a cualquier economía o economías del mundo. Este es el camino político económico que nuestro país debe seguir, porque nuestra soberanía y fortaleza deben prevalecer.
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