Canadá rompe las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Carney declara que el país está “en guerra” tras nuevos aranceles
Las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos entraron este fin de semana en una de sus etapas más tensas en décadas, después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, ordenara suspender las negociaciones con la administración de Donald Trump, rechazara lo que calificó como un “mal acuerdo” y anunciara una nueva ronda de aranceles de represalia contra productos estadounidenses.

La ruptura se produjo en las últimas horas del viernes 21 de agosto, después de varios días de negociaciones intensivas en Washington y cuando ambas partes habían dado señales de que un entendimiento todavía era posible.
Horas después, durante una conferencia de prensa celebrada el sábado 22 de agosto en el Parlamento canadiense, Carney utilizó una expresión excepcionalmente dura para describir el momento.
Preguntado por un periodista sobre si Canadá estaba entrando en una guerra comercial, Carney respondió: “Estás en guerra cuando te atacan. Nos atacaron”.

Estados Unidos activa aranceles de 50%
Los nuevos gravámenes estadounidenses tienen su origen en tres proclamaciones firmadas por Donald Trump el 20 de julio de 2026, mediante las cuales Washington recurrió a la poco utilizada Sección 338 de la Tariff Act de 1930.

Esa disposición permite al presidente estadounidense imponer aranceles adicionales de hasta 50% cuando determina que otro país discrimina comercialmente a Estados Unidos.
La Casa Blanca sostuvo que Canadá mantenía prácticas discriminatorias contra productos estadounidenses en tres áreas principales: bebidas alcohólicas, productos lácteos y automóviles.
Los gravámenes debían entrar originalmente en vigor el 19 de agosto, pero el presidente Trump firmó el 18 de agosto una suspensión temporal de tres días para permitir que continuaran las conversaciones.
La propia proclamación de la Casa Blanca explicó que funcionarios estadounidenses consideraban que Canadá había expresado disposición a eliminar algunos de los obstáculos cuestionados y que el avance de las negociaciones justificaba aplazar temporalmente la aplicación de los aranceles.
El nuevo plazo quedó establecido para las 00:01 horas del 22 de agosto de 2026. Finalmente, no hubo acuerdo.
Carney: “Pidieron demasiado y ofrecieron demasiado poco”
En su intervención oficial del sábado, Carney sostuvo que Canadá había negociado durante más de un año intentando conseguir un acuerdo amplio que protegiera la mayor parte del comercio bilateral libre de aranceles y redujera las cargas estadounidenses sobre industrias estratégicas.

Según el primer ministro, Ottawa estaba dispuesto incluso a retirar parte de sus represalias anteriores sobre acero, aluminio y automóviles, siempre que Washington redujera sustancialmente los aranceles estadounidenses hasta niveles que permitieran a las empresas canadienses exportar de manera económicamente viable.
Canadá también estaba dispuesto, dentro de un eventual acuerdo, a promover que las provincias volvieran a vender bebidas alcohólicas estadounidenses y a adoptar medidas administrativas relacionadas con su sistema de gestión de la oferta agrícola.
Pero Carney aseguró que existían líneas que su gobierno no aceptaría cruzar.
Entre ellas mencionó expresamente la soberanía canadiense, la protección de sus industrias estratégicas, el sistema de gestión de la oferta y la defensa de la lengua francesa y la cultura canadiense.
“Pidieron demasiado y ofrecieron demasiado poco”, resumió Carney en su discurso oficial.
Autos, cultura y soberanía: los puntos de ruptura
Carney explicó posteriormente que uno de los principales desacuerdos ocurrió en el sector automotriz.
Según su versión, las propuestas estadounidenses de última hora afectaban tanto al nivel de los aranceles sobre los automóviles como al tratamiento del contenido canadiense en los vehículos producidos dentro de las cadenas de suministro norteamericanas.
El primer ministro sostuvo que algunas de esas condiciones habrían terminado haciendo económicamente inviable parte de la producción canadiense.
También acusó a Washington de intentar introducir disposiciones relacionadas con las protecciones culturales y lingüísticas de Canadá.
La declaración oficial publicada por la oficina del primer ministro confirma expresamente esta controversia.
Carney señaló que su gobierno no estaba dispuesto a comprometer “la protección del idioma francés y nuestra cultura” y aseguró que Estados Unidos insistió sobre estas cuestiones “hasta el último minuto”.
Durante la ronda de preguntas, Carney añadió otro elemento especialmente sensible: aseguró que Estados Unidos había tratado de introducir lenguaje que podría limitar la capacidad canadiense para firmar acuerdos comerciales con terceros países.
Una firma “escrita a lápiz”
El primer ministro sostuvo que su gobierno había partido desde hacía tiempo de la premisa de que la política comercial estadounidense había cambiado estructuralmente.
Según Carney, Washington está dispuesto a utilizar la profunda integración económica con sus aliados como un instrumento de presión.
En una de las frases más contundentes de su discurso dijo que, en ocasiones, la firma de Estados Unidos parecía estar “escrita a lápiz”, una forma de señalar que Ottawa considera que incluso los compromisos alcanzados con Washington pueden ser modificados posteriormente.
Carney sostuvo que los cambios introducidos en los últimos días eran “antieconómicos” e “injustos” y que cuestionaban la posibilidad de confiar en cualquier entendimiento definitivo.
Estados Unidos culpa a Canadá
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, sostuvo -después del fracaso de las conversaciones- que era Canadá quien había decidido no finalizar un acuerdo cuyos términos básicos, según él, ya habían sido alcanzados durante la semana.
Greer acusó a Ottawa de presentar nuevas exigencias y retroceder sobre compromisos previamente asumidos.
La oferta estadounidense, según la descripción de Greer, habría incluido reducciones importantes de los aranceles sobre acero, aluminio, automóviles y madera canadiense, además de una asociación económica y de seguridad más amplia.
Esa cooperación habría abarcado controles de exportaciones, lucha contra el transbordo de productos procedentes de terceros países, comercio digital, minerales críticos, cadenas de suministro aeroespaciales y coordinación frente a determinadas prácticas comerciales consideradas desleales por Washington.
Greer calificó el fracaso como una “oportunidad perdida” para Canadá.
Canadá responderá “dólar por dólar”
Carney anunció que Canadá responderá ahora a los nuevos gravámenes estadounidenses con contramedidas equivalentes.
“Canadá igualará los nuevos aranceles de Washington dólar por dólar”, señaló durante su intervención oficial.
Los nuevos aranceles canadienses estarán concentrados en productos estadounidenses de sectores como acero, lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, pulpa y papel y productos electrónicos.
Ottawa también contempla mercancías vinculadas a las medidas estadounidenses de las secciones 232 y 338.
Las contramedidas entrarán en vigor el 8 de septiembre de 2026, el martes posterior al Labour Day canadiense.
Carney reconoció además que la represalia tendrá consecuencias para los propios consumidores canadienses.
Señaló que los nuevos aranceles probablemente elevarán precios y reducirán algunas opciones de compra en Canadá, pero argumentó que no responder habría dejado a los productores del país en desventaja frente a las importaciones estadounidenses.