Bachelet advierte que "el mundo cambió" y llama a América Latina a aprovechar sus activos estratégicos
Durante la presentación del informe de la Comisión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe —CEPAL— sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo, la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, sostuvo que el mensaje central del documento puede resumirse en una frase: “El mundo cambió”.
La elaboración del informe comenzó en un momento de creciente incertidumbre internacional y estuvo marcada por acontecimientos históricos que se desarrollaban mientras avanzaban las deliberaciones.
Según la exmandataria, esa cercanía con los acontecimientos mundiales dio a las discusiones un sentido de urgencia y una orientación práctica, con el objetivo de elaborar recomendaciones concretas para los gobiernos y las sociedades de América Latina y el Caribe.
- Ver Informe completo de la CEPAL:
Rupturas y oportunidades. Propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica
https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/84456b1e-4c74-4908-8c8d-e0c839e93c28/content
Bachelet, copresidenta de la comisión junto con el expresidente colombiano Iván Duque, explicó que el grupo que preparó el Informe de la CEPAL estuvo integrado por personas de distintas nacionalidades, trayectorias y posiciones ideológicas.

Afirmó que América Latina y el Caribe enfrentan un escenario internacional profundamente transformado, marcado por la competencia entre potencias, el debilitamiento del multilateralismo, el deterioro democrático y el avance de la desinformación.
Sin embargo, aclaró que este nuevo escenario no solamente representa riesgos.
También puede abrir oportunidades para los países latinoamericanos y caribeños, debido a que la región posee recursos y capacidades que el mundo necesita y por los cuales existe actualmente una intensa competencia internacional.

Las ocho rupturas del orden internacional
El informe identifica ocho grandes rupturas que estarían configurando un nuevo escenario geopolítico todavía en proceso de definición.
La primera es la reconfiguración de la globalización. Bachelet explicó que la economía mundial pasó de una etapa de hiperglobalización, organizada en torno a la eficiencia y la reducción de costos, a otra en la que la interdependencia genera desconfianza.
En este nuevo contexto, las decisiones económicas están cada vez más condicionadas por objetivos de seguridad nacional, energética, alimentaria y tecnológica.
Además, la interdependencia puede utilizarse como un instrumento de presión, poder o coerción entre países.
La segunda ruptura es la erosión del multilateralismo y la reconfiguración de la gobernanza mundial. De acuerdo con Bachelet, el sistema internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial nunca fue perfecto, pero aspiraba a la universalidad, al respeto de reglas acordadas y a la protección de los derechos humanos.
Actualmente, ese sistema está siendo cuestionado y sustituido parcialmente por una estructura más fragmentada, con alianzas selectivas, bloques rivales y mecanismos paralelos de cooperación.
La tercera transformación es el tránsito de un mundo unipolar, encabezado por Estados Unidos, hacia una competencia multipolar asimétrica.
Este escenario está marcado especialmente por la rivalidad entre Estados Unidos y China, así como por una distribución más amplia del poder económico, tecnológico y político.
Bachelet señaló que las grandes empresas multinacionales también han adquirido una influencia considerable en esta nueva distribución del poder.
Cambios en el poder de Estados Unidos y China
La cuarta ruptura está relacionada con el llamado poder blando, entendido como la capacidad de los países para atraer, proyectar legitimidad y construir una presencia simbólica en el mundo.
La expresidenta chilena indicó que diversos índices incluidos en el informe muestran que, durante los últimos años, el poder blando de Estados Unidos ha disminuido, mientras que el de China ha aumentado.
La quinta ruptura es el deterioro sostenido de las instituciones democráticas. La comisión observó crecientes restricciones a las libertades civiles y políticas, una mayor polarización, desconfianza hacia las instituciones y una preocupante apertura social hacia alternativas no democráticas.
A este fenómeno se suma la sexta ruptura: el avance de la desinformación y la crisis de la verdad.
Bachelet advirtió que la desinformación está debilitando el debate público y dificultando que las sociedades puedan construir una interpretación compartida de la realidad.
La lógica de los algoritmos y el uso malintencionado de las herramientas digitales aumentan, además, la capacidad de actores estatales y no estatales para influir en la opinión pública mundial.
Retroceso en los derechos de las mujeres
La séptima ruptura identificada por la comisión es el retroceso en los derechos de las mujeres y en las políticas de igualdad de género.
Bachelet explicó que insistió personalmente en la incorporación de este punto al informe, al considerar que representa uno de los principales riesgos para el desarrollo humano observados durante las últimas décadas.
La octava ruptura corresponde al debilitamiento del consenso internacional sobre la necesidad de enfrentar el cambio climático.
La exmandataria aclaró que numerosos gobiernos nacionales y subnacionales continúan desarrollando políticas ambientales.
No obstante, consideró que se ha deteriorado el acuerdo generalizado sobre la urgencia de abordar el calentamiento global mediante acciones coordinadas.
El cambio climático y el manejo adecuado de la inteligencia artificial fueron presentados como dos de los principales desafíos actuales de la humanidad, los cuales requieren cooperación y acción colectiva.
Una región con recursos que el mundo necesita
Pese a este panorama, Bachelet señaló que el informe no se limita a presentar diagnósticos y señales de alarma.
La comisión también buscó posibilidades de acción y soluciones para la región.
La expresidenta afirmó que el documento contiene una propuesta sencilla, pero al mismo tiempo radical: la esperanza.
América Latina y el Caribe, explicó, poseen activos estratégicos que no han sido aprovechados en todo su potencial y que han adquirido un valor renovado dentro del nuevo escenario geopolítico.
Entre estos activos se encuentra una abundante dotación de recursos naturales, incluyendo fuentes de energía limpia, combustibles fósiles, ecosistemas con una enorme biodiversidad y reservas de minerales críticos.
Estos minerales son especialmente importantes debido a la competencia internacional por los recursos necesarios para el desarrollo tecnológico, energético e industrial.
La región también posee una gran capacidad para producir alimentos, una característica estratégica en un mundo donde la seguridad alimentaria se ha convertido en una prioridad para numerosos gobiernos.
Industrias, talento y capacidad financiera
Bachelet subrayó que la riqueza latinoamericana y caribeña no se limita a lo que existe en el subsuelo o en la tierra.
La región también cuenta con capacidades productivas, humanas y financieras. Existen agrupaciones industriales de primer nivel dedicadas, por ejemplo, a la fabricación de vehículos y dispositivos médicos.
Asimismo, América Latina y el Caribe poseen industrias creativas con alcance mundial, que abarcan desde la moda hasta los videojuegos, además de ecosistemas de empresas emergentes y proyectos relacionados con tecnologías de frontera que podrían alcanzar una escala mayor.
La expresidenta destacó también la existencia de un amplio sistema de bancos de desarrollo, redes de diásporas que podrían vincularse con proyectos productivos y una población con niveles educativos superiores a los registrados en generaciones anteriores.
Otro de los principales activos es el propio mercado regional, integrado por más de 600 millones de personas.
Aunque existen diversos mecanismos de cooperación e integración, Bachelet consideró que la región todavía tiene un amplio margen para profundizar sus relaciones económicas internas.
Influencia diplomática y cultural
El informe también reconoce la influencia política de América Latina y el Caribe.
Bachelet recordó que se trata de una región libre de guerras entre Estados y de armas nucleares, con una larga tradición de participación en la diplomacia, el diálogo y la negociación internacional.
A esta capacidad política se suma un importante poder cultural.
La diversidad, el patrimonio y la visibilidad internacional de la región producen una influencia que va más allá del éxito mundial de la gastronomía mexicana o peruana y de la presencia de la música dominicana o colombiana en distintos países.
De acuerdo con Bachelet, existe una identidad latina y caribeña reconocida y celebrada internacionalmente. Esa identidad genera impactos económicos, políticos y sociales que podrían ser aprovechados con mayor eficacia.
Un llamado al diálogo y a los acuerdos
Al finalizar su intervención, Bachelet destacó que la comisión logró construir amplios consensos pese a la diversidad ideológica y profesional de sus integrantes.
Aunque no existió acuerdo absoluto en todos los asuntos, el grupo encontró suficientes coincidencias para elaborar aproximadamente 400 páginas de visión compartida.
La expresidenta chilena consideró que este resultado demuestra que las diferencias suelen magnificarse y que las sociedades pueden quedar atrapadas en trincheras políticas que dificultan la construcción de acuerdos.
Bachelet sostuvo que la democracia obliga a las personas y a las fuerzas políticas a necesitarse mutuamente para alcanzar resultados.
Aunque esta dependencia puede ser vista como una dificultad, también representa una de las principales virtudes del sistema democrático.
Finalmente, expresó su deseo de que los gobiernos y las sociedades de América Latina y el Caribe analicen el informe, reflexionen sobre sus propuestas y desarrollen nuevas ideas para construir estrategias de desarrollo adaptadas al nuevo escenario mundial.
El mensaje de la comisión es que el orden internacional atraviesa una transformación profunda, pero que América Latina y el Caribe no están condenados a observar pasivamente esos cambios.
La región dispone de recursos naturales, talento humano, capacidades productivas, influencia diplomática y poder cultural suficientes para desempeñar un papel estratégico, siempre que logre coordinarse, fortalecer sus democracias y convertir sus activos en proyectos colectivos de desarrollo.