Agenda Naranja. El 8M no es una efeméride más. Por Ivonne Ortega Pacheco
Voces que por demasiado tiempo no fueron consideradas y hoy tienen la posibilidad de un piso parejo.
Veo, leo y escucho opiniones y posturas diversas acerca del 8M, fecha significativa que llama a la reflexión y, más que una efeméride, representa una ocasión de sopesar hasta dónde hemos llegado como sociedad para alcanzar la verdadera igualdad de derechos, sin distinción de género.
Comenzó como una remembranza de la lucha de las mujeres obreras por un trato justo, lucha que cobró vidas y conllevó esfuerzos de tantas para que hoy sea posible no solo manifestarse, sino que la voz de todas pueda ser escuchada y tomada en cuenta.
Voces que por demasiado tiempo no fueron consideradas y hoy tienen la posibilidad de un piso parejo.
Voces que a menudo se agolpan en mi interior para recordarme el origen de lo que creo, de lo que soy. De mi pueblo y el inicio, cuando me hice escuchar en un mundo donde la política estaba generalmente vetada para nosotras.
Esas mismas voces que son una sola cuando se trata de defender los derechos que tanto trabajo ha costado establecer. Y esas voces que traspasan el mármol de monumentos y los textos de tantas historias para darnos lecciones incluso al día presente.
Por ellas, reflexiono sobre lo avanzado y sobre lo mucho que hace falta.
En nuestro México quedan espacios y lugares donde persiste el machismo como principio incluso familiar, y la igualdad es un sueño. Pero un sueño posible, sustentado en las leyes y derechos que nos hemos dado como nación, gracias a tantas precursoras.
Esos derechos que deben defenderse desde el hogar y la familia, desde la escuela, desde los centros de trabajo. Se han vuelto valores que nos dan sentido y dirección como país y como sociedad.
Por eso defendemos desde la escuela el trato equitativo, la protección, especialmente a las niñas que constituyen el sector social más indefenso. Pues bien, hoy el escenario de riesgos es amplio cuando se toma en cuenta el universo digital, tan vulnerable ante los atentados a la propia imagen y a la intimidad.
Queremos una educación libre de estereotipos para que nuestras infancias crezcan y se desarrollen como corresponde en un universo tan amplio como el internet lo permite. Y de ese tamaño debe ser también la consideración a la hora de plantear modelos educativos y de formación.
La formación contemporánea de nuestras infancias y juventudes pasa por incorporarles a la toma de decisiones con perspectiva de género. Incentivar la participación de cada vez más niñas en parlamentos infantiles, y pensar en espacios específicos de diseño de políticas públicas que atiendan sus preocupaciones.
En un país joven como el nuestro, con un buen porcentaje de infancias, la protección de éstas, debe ser prioridad, Y esa protección ha de empezar desde el hogar, la educación, mayores oportunidades y la justicia.
Solo atendiendo todos estos aspectos, procuraremos mejores condiciones de desarrollo para tantas niñas que hoy sueñan un mejor futuro, más allá de política y de discusiones abstractas.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista