A lo Mero Macho. ¡Ya párele a las mañaneras! Entrevista a Elena Poniatowska (2 de 3). Por Edmundo Cázarez C

A lo Mero Macho. ¡Ya párele a las mañaneras! Entrevista a Elena Poniatowska (2 de 3). Por Edmundo Cázarez C

¡Señor presidente, ya párele a las mañaneras porque hay un hartazgo nacional!: Elena Poniatowska.
Sin lugar a duda, Elena Poniatowska tiene todo el derecho de expresar lo que le venga en gana. ¿Le taladraron sus palabras?... ¡Solo dijo la verdad!!

“LAS MAÑANERAS, AÚN EN ESTE “NUEVO GOBIERNO” -Extensión de su mandato-, SON UNA COMEDIA DE EQUIVOCACIONES”.

A lo mero macho, la verdad no peca, pero, sí, incomoda.

Mi muy estimado lector, le invito para que me acompañe y retomemos algunos fragmentos de esa histórica entrevista, publicada aquel lunes 18 de enero de 2021 y que se convirtió en viral por la claridad de sus palabras:

Sin pelos en la lengua, la también sobresaliente activista, habla fuerte y claro, dice las cosas tal y como son. La verdad, es que resulta un verdadero gusto y halago, haber tenido la oportunidad de conversar con ella, sin que pusiera objeción alguna al tocar determinados temas durante el desarrollo de la entrevista exclusiva que me hizo el honor de conceder.

Inclusive, cosas que tenían que ver con su gran amigo Andrés Manuel López Obrador, a quien le dijo de manera directa y tajante: “Señor Presidente, ya párele a las mañaneras porque han provocado un hartazgo y nos tienen a todos al borde de la irritación y confrontación nacional”.

La verdad, es que Elena Poniatowska impresiona por su vitalidad y sentido del humor, no obstante que este martes 19 de mayo de 2026 cumple 94 años, así como una exitosa actividad literaria y periodística. Dice verdades de a kilo: “Las mañaneras son innecesarias y hasta contraproducentes. Un auténtico abuso del poder presidencial obligar a periodistas que vayan todas las madrugadas hacer preguntas a modo”.

  • ¿Cómo le va en la vida?

-Me va muy bien muchas gracias, pensando que estoy a punto de cumplir 89 años de vida…

-No me diga eso por favor, aún tiene mucha energía y mucho que escribir…

-Mire Edmundo, son muchos años los que he vivido, sigo trabajando con un enorme gusto a pesar de un grave problema que tengo en la vista.

  • ¿Una brillante escritora como usted tiene caducidad?

-Ja, ja, ja, que generoso y caballero es conmigo, mejor dígame ¿Cómo está usted Edmundo?

  • ¿De dónde saca tanta energía, hace televisión, escribe libros, artículos en periódicos y dicta conferencias?

-Pues no lo sé!! La verdad no lo sé, quizás, es una inercia del mismo trabajo que realizo. Aquí sigo encerrada en mi casa, trabajando en mi nueva novela y haciendo mucho periodismo.

  • ¿Qué se siente ser tan admirada por miles de lectores que tiene por sus libros y trabajos periodísticos?

-Eso que usted dice, me llena de alegría y me da mucha fuerza para todo lo que viene en este año que inicia.

  • ¿Le molesta que le reconozcan su trabajo?

-No es eso, dice el refrán: “Entre gitanos no se leen las cartas”. Usted y yo sabemos perfectamente que la escritura es totalmente solitaria. Es estar completamente encerrados en casa, entonces, esa percepción que usted tiene de mi persona y que me transmite, me llena de enorme gusto… ¡pero no la vivo!!

  • ¿Elena Poniatowska cómo le hace para no perder la sencillez?

-El hecho de ser periodista le baja a uno los humos. Mire Edmundo, usted y yo sabemos que, por el simple hecho de ser periodistas, estamos condenados a la espera de un ministro, de un secretario de estado, inclusive, del personaje al que se va a entrevistar.

  • ¿Somos lacayos del periodismo?
    -Ja, ja, ja no tanto, pero sí, es una posición subalterna, sobre todo, si uno quiere una entrevista como le llaman los norteamericanos of pro file, es decir, un poco más larga con una hora o dos de duración…
  • ¿Cuántas veces batalló Elena Poniatowska para lograr una entrevista exclusiva?
  • Uff, muchísimas veces. Recuerdo que con Luis Buñuel lo busqué en repetidas ocasiones para completar algunos temas, algunas preguntas o respuestas que fueran más exactas a lo que me había dicho inicialmente.
  • ¿Las grabadoras nos convierten a los reporteros en comodinos o flojos para hacer una entrevista?
  • ¡Vaya que buena pregunta!! Déjeme decirle que yo me inicié equipada con una libreta de taquigrafía y un lápiz.
  • ¿Elena Poniatowska la periodista, ¿cuántas veces se llegó a equivocar?
  • ¡Uy!!, muchas veces porque describía demasiado, la casa o la belleza de Mercedes, la esposa del Gabo. (Gabriel García Márquez)
  • ¿Quién se negó ser entrevistado por Elena Poniatowska?
  • ¡Ay, Edmundo!, siempre que vienes a entrevistarme, eres el único reportero que me hace hablar como cotorra, te metes hasta la cocina, haces preguntas que no me esperaba, pero me gusta mucho tu astucia. Bueno, como ya sabrás, me inicié como reportera de Excélsior, cuando ni siquiera, tú, habías nacido. Llegué a Excélsior a mediados de 1953, por cierto, eso, siempre me lo recordaba Monsiváis.
  • ¿Cuál fue su primera nota en Excélsior?

-Me inicie en la sección de sociales que dirigía una periodista que ha sido injustamente olvidaba: “Bambi” Ana Cecilia Treviño, que fue la esposa del pintor Alberto Gironella. “Bambi”, le dio un nuevo sesgo a la sección de sociales…

-… ¿Era una sección aburrida?

-Es que antes salían puras novias, puras fiestas de quinceañeras, cocteles de políticos que se exhibían ahí, entonces, Bambi cambio todo e hizo que interviniera la cultura en su sección con las colaboraciones de destacados críticos de arte. Me acuerdo de Margarita Nelker, quien tenía muchas dificultades para ver y utilizaba unos enormes lentes cuyos cristales eran como fondo de botella.

Las transformaciones que hizo Bambi a la sección de sociales de Excélsior fueron seguidas después por otros diarios de circulación nacional.

  • ¿Recordar es vivir?
  • Me acuerdo de que su tocayo, el cuentista Edmundo Valadez, fue un espléndido director de la sección en los años 50`s. Posteriormente, María Luisa “La China” Mendoza hizo extraordinarias reseñas de lo que había sucedido en Tlatelolco en 1968, narraciones estremecedoras, de cómo había visto ella correr a los estudiantes y cómo se escuchaban los disparos y los impactos en los edificios.
    -La Noche de Tlatelolco, fue un magnífico libro suyo…

-Pues gracias a “La China” Mendoza, dado que en ese entonces ella vivía ahí, me llevó la mañana del 3 de octubre y las fosas prehispánicas que hay en el parque Santiago Tlatelolco, estaban cubiertas de zapatos de mujer, así como zapatos y tenis de los muchachos que se habían echado a correr.

-Cuando estuve en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, don Alejandro Avilés, nos ponía a leer “Hasta no Verte Jesús Mio…”

-Alejandro Avilés fue un extraordinario maestro de jóvenes y un buen director de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, la mejor escuela para ser periodista, misma que rivalizó con la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

-No me ha dicho quién fue el personaje que se negó ser entrevistado por Poniatowska?

-En general, nadie se negó porque en ese tiempo era un género periodístico muy novedoso. “Bambi”, fue quien inicio este tipo de entrevistas en Excélsior y me gustaban muchísimo.

  • ¿Por qué las entrevistas de Poniatowska eran tan exitosas?

-En esa época, las entrevistas se hacían por teléfono y me di a la tarea de ir a las casas y oficinas para platicar con cada entrevistado, eso, fue algo que llamó mucho la atención. Recuerdo que ningún reportero podía ir a la casa de Antonio Ortiz Mena. Este señor nunca abrió la puerta de su casa a ningún periodista, solamente recibía en su oficina como secretario de Hacienda con el presidente Adolfo López Mateos.

  • ¿Cómo logró convencerlo para que la recibiera?
  • Me dijo que no quería que enumerara los cuadros de Diego Rivera, ni del Dr. Átl, mucho menos, los de José Clemente Orozco, en fin. Había personajes políticos muy destacados que recibían, incluso, en un momento dado, a los pintores pagaban sus impuestos en especie, es decir, con cuadros que tenía en su sala.
  • ¿Caray, ¿cuántas historias hay dentro de su cabeza?
  • ¡Uff!!, Edmundo usted me da cuerda y no paro de hablar.

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