A lo Mero Macho. “Todos somos rehenes de nuestro pasado”: Carlos Monsiváis. A 16 años de su fallecimiento. (SEGUNDA PARTE) Por: Edmundo Cázarez C.

A lo Mero Macho. “Todos somos rehenes de nuestro pasado”: Carlos Monsiváis. A 16 años de su fallecimiento. (SEGUNDA PARTE) Por: Edmundo Cázarez C.

-¿Aspiraba llegar a ser un gran escritor o secretario de Educación?

-No incursioné en la política. Ni quise saber nada de ella… ¡me daba asco!! Aunque tampoco hubiera podido.

-Y entonces… ¿Por qué resultó ser un escritor tan reconocido y prestigiado?
-No recuerdo haber hablado ni una sola vez en un acto público, salvo una que otra conferencia o participación en alguna mesa redonda.

-¿Por qué siempre le ha gustado mantenerse en un bajo perfil?

-Siempre fui un preámbulo de lo que soy ahora.

-¿”Monsi”, un ser impredecible?

-Es que no hay demasiadas contradicciones, saltos o salidas abruptas.
-¿Genio y figura hasta la sepultura?

-Desde que me acuerdo, a los 13 o 14 años, soy más o menos la misma persona. Tal cual y como usted me lo dijo hace rato, es un profundo aburrimiento, sobre todo, para la gente que no me conoce.

-¿Cómo es que logra despertar ese deseo por escribir?

-A ver a ver… ¡Por escribir no!!, más bien, por la lectura. Es una cosa que se me ha dado desde la infancia.

–De pronto, “Monsi”, se despoja de sus lentes y limpia los cristales con las yemas de sus dedos, lo cual, me sorprende sobremanera-.

-¿Qué tenía de bueno o de malo ser hijo único?

-La lectura, fue una pasión que se me dio al lado de ser hijo único. Esto tiene muchas desventajas, pero también, un apoyo enorme el hecho que nadie distrae tu tiempo y era todo para mí. Además, a los seis o siete años de edad, descubrí que nada me absorbía tanto como descifrar signos sobre la página de un libro.
-¿Cuál fue ese primer libro que lo deslumbró?

-Mi primer encuentro quijotesco, fue con la colección Billiken, que me abrió las puertas de una niñez venturosa.

-¿Había lecturas un tanto desechables?

-Leí todas las traducciones de los clásicos y héroes latinoamericanos como Juárez, San Martin, O`Higgins, Bolívar y José Martí. La lectura era una puerta o disposición de mis aficiones que luego me resultaron perdurables. Así como toda la saga de los personajes de Emilio Salgari, Julio Verne y Miguel Zévaco. En fin, creo que pase una niñez realmente feliz, pero, a la vez, un tanto anómala porque viéndolo bien…

-¿Jamás hizo ejercicio o practicaba ningún deporte?

-A lo mejor, dentro de mí, había un gran atleta que se frustró con el comandante de una nave de piratas, pero no fue así.

-¿Ni tan siquiera un alumno emprendedor?

-A finales de la primaria, de pronto, me encontré proponiendo en mi salón que hiciéramos una biblioteca…

-¿Y qué sucedió?

-Lo único que logré… ¡fue un rotundo fracaso!!

-¿Y en la secundaria?

-Pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en la biblioteca, muy desdichadamente…

-¿Tan poquito se quería?

-Digo que desdichadamente, porque cualquiera hubiera querido una vida aventurera.

-¿Cómo vivió y disfrutó el México de los años 40 y 50?

-El México de los años 40s y 50s, era bastante apacible en el sentido político, aunque sólo se registró el momento de la irrupción del Henriquismo, hasta eso, fue muy breve.

-¿Ahh, aquellos tiempos...?

-Era un México muy discreto, recogible, tranquilo, seguro… En cuanto a lo de seguro, pongo mucho énfasis. También, con una posibilidad de aprovechamiento de ofertas culturales, que después, la masificación ya no permitió.

-¿Un México ávido de cultura con la apertura del Palacio de Bellas Artes?

-Recuerdo haber oído, gracias a juventudes musicales que estaban abonados en la secundaria como María Callas y Alfredo Di Stefano en el Palacio de Bellas Artes. También recuerdo con mucho entusiasmo haber visto, en esos tiempos, a grandes actrices inglesas en el Palacio de Bellas Artes.

-¿Costaba una fortuna comprar un boleto para Bellas Artes?

-¡¡Uy!! En esos tiempos, no había problemas para adquirir boletos o ir al cine.
-¿Un púber precoz?

-Era un púber o adolescente solitario. Las oportunidades de gozar la Ciudad de México, culturalmente, me resultaban admirables. Luego fui conociendo la otra Ciudad de México.

-¿No me diga que no se daba sus escapadas a los cabarets?

-¡Sí, como no!!! La vida nocturna me asombraba y asustaba mucho. Tuve acceso a ella gracias a que, en la preparatoria, mis compañeros me llevaban al Teatro Margo para ver a Dámaso Pérez Prado, eran realmente felices bailando el Mambo.

-¿No me diga que era un torbellino bailando?

-Fue una habilidad que también me fue rotundamente negada, pero eso, lo pude solucionar un poco más tarde estando en la Facultad de la UNAM, con un muy frecuente ingreso a los torbellinos de vida nocturna de los cabarets, centros nocturnos y lugares misteriosos con personajes que todavía están muy en deuda con José Clemente Orozco y con el cine de Alejandro Galindo o de Ismael Rodríguez.

-¿Qué me dice de la orden del entonces Regente de Hierro que prohibía la vida nocturna?

-Eso sucedió cuando estaba a punto de concluir mi paso por la Facultad, ahí, se interrumpe una vocación un tanto de testigo, porque debo admitir que no bebía ni me precipitaba en intensos romances con jóvenes prostitutas de corazón de oro, pero, eso, me ayudó a entender a una ciudad que permitía el acceso a cientos de miles, al crear sus zonas prohibidas, y luego, las rentabiliza gracias al cine y la música.

¿Me quiere decir que somos simples rehenes de nuestro pasado?

-¡¡Absolutamente!! Les guste o no… ¡Todos somos rehenes de nuestro pasado!! No conozco a ninguna persona que no lo sea.

-¿Un pasado turbulento?

-Nuestro pasado es la imposibilidad de nacer de nuevo a cada conversación. En cada relación personal, de fingir ignorancia con respecto a nuestros defectos y hasta el olvido con respecto a nuestras virtudes.

-¿A lo mero macho, un pasado enigmático?

-Nuestro pasado es lo más premioso, esclavizante y judicial que conozco.
-¿Cómo es el pasado consciente de Carlos Monsiváis?

-Mi pasado, es un agente del Ministerio Público que se ríe de mis pretensiones de inocencia, de mi pasado y de cualquiera, pero no creo que sea especialmente mi pasado.

-¿Una Inocencia probada?

-Todo ese deseo que tenemos de ser emblema de pureza y candor, se contradice a cada momento, es decir, en cuanto entran las imágenes del pasado que nos asegura, que, por lo menos, hemos sido testigos de tantas cosas y que no tiene caso presentarlos como la nueva generación ante nosotros mismos.

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