A lo Mero Macho. López Obrador tendrá que enfrentar a la justicia: Ignacio Morales Lechuga. (SEGUNDA PARTE) Por Edmundo Cázarez C.
-¿Los errores cometidos por un presidente en turno, tiene en su contra toda la culpa, mientras que las fuerzas armadas, encargadas de salvaguardan la integridad y soberanía nacional, se hacen de la vista gorda?
-Edmundo, estás tocando un punto mucho muy importante y hasta delicado a la vez. No puede concentrarse toda la responsabilidad de un gobierno en las fuerzas armadas…
-Entonces, por favor, explíqueme, porque, a lo Mero Macho, ya me hice bolas, no sé distinguir si son constructores de aeropuertos, administradores de líneas de ferrocarriles, policías viales…
-Nuestras fuerzas armadas son depositarios de la custodia de la seguridad nacional. En efecto, como usted bien lo especifica, nuestros soldados y marinos no son albañiles, ni trabajadores sociales que anden poniendo vacunas en los mercados y calles, ni policías viales dedicados a levantar infracciones a los automovilistas. Mucho menos, constructores de aeropuertos y vías de ferrocarriles o empresarios de fallidas líneas aéreas.
-¿Una flagrante violación a la Constitución, imponer a nuestros soldados y marinos, actividades que no les corresponden?
-Pues sí, porque nada de eso lo estipula la Constitución, ni las leyes que de ella emanan.
-Usted es un prestigiado abogado y conoce al derecho y revés nuestra Constitución… ¿Por qué se le permitió a López Obrador hacerlo así?, y lo que es peor… ¿Por qué la nueva presidenta sigue haciendo lo mismo y nadie le dice nada?
-¡Uff!!, me haces una pregunta mucho muy difícil de responder…
-¡No le saque…!!
-¡…Es que no lo sé!! La justicia tarda, pero siempre llega. López Obrador tendrá que enfrentarla algún día…
-¿Y con respecto a la presidenta Claudia Sheinbaum que sigue haciendo lo mismo?
-Ello, implica una demolición de las propias fuerzas armadas…
-¿Se tendrán que refundar desde sus raíces y principios?
-¡Esa, es una pregunta muy inteligente!! Sí, así tendrá que ser.
-Ya que me habla de esas raíces, el abogado Ignacio Morales Lechuga fue procurador de justicia del entonces Distrito Federal. Luego, procurador general de la República y hoy, es un prestigiado Notario Público… A lo Mero Macho… ¿Nació para triunfar?
-Siempre he contado con el apoyo y la participación de muchos amigos y colaboradores.
-¿Cómo le hace para no perder la sencillez y mantener un bajo perfil?
-Siempre le pido a mi esposa, hijos y amigos que me ayuden a ubicarme. Nunca he aspirado a tratar de ser lo que no soy.
-¿A lo mero macho, entonces quién demonios es Ignacio Morales Lechuga?
-En el fondo, realmente soy un trabajador jurídico y una gente de mi pueblo Poza Rica, a la que nunca he olvidado. La vida allá era muy sencilla y todos nos veíamos de manera sencilla, es decir, desde chamacos nos hablamos de “tú”. Siempre fui “el nachito” hasta que mi padre murió. A partir de ahí, fui simplemente “nacho”, pero ya con la cabeza llena de canas me convertí en “Don Nacho”, ja, ja, ja.
-¿Un niño colmado de mimos?
-¡¡No!!, para nada. Mi familia fue de muchos esfuerzos. Mi padre y madre fueron muy trabajadores en el mercado municipal, atendíamos un pequeño puesto de refrescos y alimentos, sin embargo, a los 10 años de edad, me di a la tarea de buscar otro trabajo en una tienda de abarrotes. Me gustaba mucho hacer cuentas en papel de estraza, era una práctica maravillosa los días de plaza, lo que me ayudó bastante porque en la escuela ya no se me dificultaban tanto las matemáticas.
-¿Abusadillo desde chiquillo?
-Ja, ja, ja, déjame decirte que, con esta entrevista, me haces recordar cosas muy bellas de mi infancia, cosa que te agradezco mucho. Digamos que fui un buen estudiante, y quizás, también un buen hijo.
-¿Un alumno de puro diez?
-Fui un buen alumno, y no porque lo diga yo, sino porque lo decían mis profesores…
-¿Un auténtico “nerd”?
-Más que sacar puro diez, era dar buenos resultados, los maestros me tenían mucha consideración, por cierto, había un maestro que todo el tiempo me exigía que estudiara más matemáticas, pero con el paso del tiempo entendí que lo que buscaban era lograr nuestro desarrollo, apoyarnos y aprovechar nuestro potencial en todos los sentidos.
-¿Acostumbrado a que la letra con sangre entra?
-¡¡No!!, no y no, eran exigentes. No recuerdo que ninguno de mis maestros me haya jalado los cabellos o me haya dado un azote… ¡¡no!!, para nada. Había un maestro que nos llamaba la atención, nos hacía llorar, tenía el “don” de la palabra, pero al mismo tiempo, la exigencia y cariño. A los maestros los veía como si fueran un segundo padre.
-¿Cuál fue su juguete favorito?
-Jugar con la pelota, hasta la fecha, veo que a un niño la pelota lo hace feliz.
-¿Los Santos Reyes fueron generosos o unos “manchaditos”?
-Curiosamente, el 6 de enero es mi cumpleaños.
-¿Nachito cómo veía el México de ese entonces?
-A mi natal Poza Rica, la veía muy difícil porque era un campo petrolero, pero al mismo tiempo, veía a trabajadores muy nacionalistas. Recuerdo a un viejo trabajador de Pemex, quien me contaba que durante mucho tiempo estuvieron regalando una hora a la industria petrolera porque ya era nuestra, pero al mismo tiempo, se sentían decepcionados por la corrupción imperante a causa del sindicato que no los defendía.
-¿Cuánto le daban de domingo?
- Como íbamos al mercado a trabajar y teníamos la oportunidad de ganar unos centavos, el “domingo” no se acostumbraba en mi casa.
-¿Es cierto que el México de antes fue mucho mejor?
-Creo que era diferente. Todos los cambios sociales tienen una parte aprovechable y otra que podría ser criticable. Cuando uno empieza a decir que antes era “mejor” que ahora, quiere decir que ya está uno desubicado, desactualizado, que ya no se adapta al nuevo México. El mundo y México son como uno mismo, ya no hace lo mismo ni piensa igual. Todos los días cambiamos. El ayer ya se fue y tenemos que enfrentar nuevos retos para los que uno no se ha preparado ni tiene la experiencia exacta de lo que va a suceder.
-¿Siendo tan bueno para las matemáticas, porque demonios estudió leyes?
-Ja, ja, ja, la mera verdad, tenía el deseo de llegar a ser arquitecto, pero al mismo tiempo, me gustaban las áreas sociales, pero cuando vi lo que costaba ser arquitecto nada más por los materiales para hacer maquetas, fue cuando decidí que el Derecho era el mejor campo.
-¿Como estudiante de secundaria y prepa seguía siendo un “niño prodigio”?
-Cursar la secundaria fue un paso trascendente, porque empieza uno por enfrentar a cinco o seis profesores por día, totalmente diferentes y uno tiene que mostrar la capacidad de adaptación para estudiar, asimilar, expresarse, mientras que en la primaria es un solo profesor durante todo un año.
-¿Dejar de ser niño e ingresar de lleno a la pubertad?
-Exacto, entra uno a la pubertad y empieza con la pena de tratar a las mujeres, porque nos empieza a crecer más la nariz, las orejas y todo lo demás, ja, ja, ja. Pero, dentro de todo eso, uno acude feliz a su primer baile todo tembloroso.
-¿Fue tremendo con las mujeres?
-¡¡No!!, para nada, un adolescente muy tranquilo y normal.
-¿Cuándo define dedicarse de lleno a la abogacía?
-En la preparatoria, aprovechando que antes eran dos años de prepa y los calendarios escolares eran diferentes, entrabamos en febrero a clases y salíamos en diciembre.
-¿Un estudiante sobresaliente en la Escuela Libre de Derecho?
-En la Libre de Derecho, el que no es sobresaliente es mejor que se vaya de la escuela, porque la excelencia, es la característica de la institución.
-¿Qué maestros recuerda con cariño y admiración?
-Básicamente, me costaría más trabajo recordar algún maestro que no mereciera cariño y agradecimiento, como lo fue mi profesor de Derecho Romano, don Graciano Contreras, quien era lo más parecido a un santo…
-¿Por qué…?
-Cuando descubrió que yo requería urgentemente de apoyo económico para sobrevivir en la Ciudad de México, me llamó y me dio trabajo…
-¿Cuánto le pagaba?
-¡¡Una fortuna!!, el salario mínimo. Para mí, era una fortuna, jaja, trabajé un año con él. Al año siguiente, don Fausto Rico Álvarez, un excelente Notario Público que acaba de retirarse, me invitó para que trabajara con él y me di el lujo de decirle que no, argumentando que no podía abandonar a mi maestro, pero fue hablar con el maestro Contreras y logró convencerlo. Estando ya con el maestro Fausto Rico, decidí ser Notario Público al grado de llegar a convertirme como socio de su despacho.
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