En el derecho romano, Ulpiano dejó asentada, en el Digesto (I, IV, 1), una máxima que resume buena parte de la lógica del poder imperial: Quod principi placuit legis habet vigorem, es decir: “lo que place al príncipe tiene fuerza de ley”.
Bajo esa fórmula, la voluntad imperial podía convertirse