La migración no es una estadística de flujos transfronterizos: es, ante todo, una historia de familias separadas por trámites interminables, consulados saturados, honorarios inalcanzables y sistemas legales diseñados para desalentar el reencuentro.
La reunificación familiar —ese derecho básico a vivir con los propios hijos, padres o cónyuges— se ha convertido