Oraciones a San Lázaro Sólo los “buenos y sabios” son ciudadanos Por Ernesto Zavaleta
¿Qué es democracia?
La democracia es un sistema de gobierno y forma de convivencia social donde el poder reside en el pueblo (todo el pueblo, no sólo el afín o “bueno y sabio”), quien lo ejerce directamente o a través de representantes elegidos por sufragio libre. Basada en principios de igualdad, libertad y soberanía popular, garantiza derechos humanos y la participación ciudadana en la toma de decisiones, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
La propuesta presidencial aún no tiene los votos en el Congreso para avanzar ¿Será acaso un intento de decir al de Macuspana “yo cumplí, la mandé como querías y no pasó” ?, y en una de esas hasta reelección y nepotismo hay en el 2027.
A fin de cuentas, cómo está la propuesta no ofrece democracia.
Bajo ese precepto académico de la Real Academia de la Lengua, no es democracia lo que ofrece la propuesta presidencial de reforma electoral, ofrece ahorrar y el regreso al unipartidismo dominante, seduce al “pueblo bueno y sabio” con ahorro, menos dinero a los órganos electorales, menos dinero a los partidos, menos dinero a legisladores federales, locales y municipales, menos dinero a los medios en tiempos de elección, menos senadores, miles de millones de pesos de supuesto a ahorro, cuyo destino, bueno pues no lo ha decidió el pueblo “bueno y sabio”.
Ni siquiera el proceso de elaboración de la propuesta presidencial respeta esa definición académica. Ninguno de los partidos, organizaciones civiles, o personas que critican al gobierno o conforman la oposición, ni las cámaras empresariales, a cuyos integrantes si piden comprar billetes de lotería o invertir en obras de gobierno, ninguno de ellos fue invitado ni tomado en cuenta para integrar la propuesta.
Los millones de personas que se manifestaron por seguridad, por la búsqueda de desaparecidos, por la defensa del poder judicial, por medicinas, por atención médica, por medicinas para sus hijos con cáncer, por educación, ellos podrán incluso ser terroristas, como lo dijeron alguna vez Hugo López Gattel, o el exministro Arturo Zaldívar o hasta el expresidente Andrés Manuel López Obrador, son más terroristas que los miembros del crimen organizado… Pero pueblo “bueno y sabio” no son, y por lo tanto no cuentan, ni tienen, ni tienen voto, ni pueden opinar.
Sólo el “pueblo y sabio” está incluido, y su voz se la apropió el partido en el poder, que llegó a él con poco más de la tercera parte de los electores registrados, Morena obtuvo en elecciones de 2024, 35 millones 924 mil 519 votos, de los 98 millones 468 mil 994 electores registrados y una población superior a los 123 millones de mexicanos.
El pueblo no manda, señora presidente, no lo dejan, se necesita ser “bueno y sabio” para ser tomado en cuenta o considerarse valido para opinar y mucho menos lo es para proponer. Ya ni siquiera los otrora cuatroteistas del PVME o el PT son “buenos y sabios”, y, las amenazas, “tendrán que responder al pueblo “bueno y sabio” por su decisión de apoyar o no la reforma electoral como quiere, porque así lo dijo, la titular del Ejecutivo Federal.
Esos mismos cuatroteistas que consintieron y apoyaron socavar los principios democráticos en México, los que avalaron dar fin a la soberanía e independencia de lo poderes judicial y legislativo, quienes aprobaron desaparecer organismos autónomos del poder Ejecutivo, esos que ahora, en unos meses pasaron a ser borrachos que deben beber lo que el cantinero les sirva sí o sí.
Hasta los expertos en leyes y procedimientos electorales, como pudiéramos considerar a los consejeros del Instituto Nacional Electoral y las OPLEs, quienes entregaron 124 propuestas, fueron ignorados… ahora estos últimos podrían desaparecer en la práctica, y los primeros pasar de 11 a 8.
En un solo golpe o iniciativa se cambiará la estructura electoral; la integración de las cámaras y cabildos; los gastos, fiscalización y sistema de cómputo electoral; la regulación de campañas en radio, televisión, medios impresos, electrónicos, redes sociales y hasta de aplicación de la Inteligencia Artificial; mecanismos de democracia participativa, y restricciones a la reelección y el nepotismo.
Pero en ninguno de sus cuatro ejes y diez objetivos se menciona el fortalecimiento de órganos electorales, que gastan mucho; ni de los partidos de oposición, que reciben mucho; para sanear la democracia, en la que participan demasiados, y menos aún de garantizar seguridad en un país convulsionado por la violencia.
En ninguna parte de la propuesta se obliga al Ejecutivo a recibir o escuchar a la oposición, reducida a “los neoliberales” en las mañaneras, tampoco se prohíbe la sobrerrepresentación legislativa, que ha reducido la práctica parlamentaria del debate en gritos de ahogado, de una oposición que critica se opone y rechaza en sesiones de hasta 48 horas, con una decisión tomada fuera de las cámaras.
Sin eso cómo podría una reforma electoral garantizar los principios de igualdad, libertad, soberanía popular, respeto a los derechos humanos y la participación ciudadana en la toma de decisiones, principios fundamentales, como se señala en la definición académica, de la democracia.
Y peor aún ¿dónde está o están las propuestas de reforma electoral de la oposición?
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